El presidente de EE.UU. advierte que atacará centrales eléctricas, plantas desalinizadoras y puentes si Teherán no acepta una tregua antes del martes por la noche.
La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un punto de ebullición tras el último ultimátum lanzado por el presidente Donald Trump. En un mensaje cargado de agresividad, el mandatario estadounidense ha amenazado con paralizar por completo a Irán, un país de 90 millones de habitantes, atacando sus infraestructuras civiles y energéticas más críticas si no se reabre de inmediato el Estrecho de Ormuz.
«El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno», advirtió Trump a través de sus redes sociales, instando a los líderes iraníes a ceder bajo la amenaza de vivir en un «infierno». El plazo para este ultimátum expira el martes a las 20:00 horas (hora de Washington).
Infraestructuras críticas en el punto de mira
La estrategia de Washington parece haber dado un giro drástico hacia el colapso logístico y económico del país persa. Los objetivos designados incluyen:
- Energía y Agua: Centrales eléctricas y plantas desalinizadoras, vitales para el suministro básico de la población.
- Transporte: Instalaciones de transporte estratégico. De hecho, en las últimas horas, fuerzas estadounidenses ya bombardearon el puente más grande de Irán, que conecta Karaj con la capital, alegando que era utilizado para el traslado de misiles.
- Petróleo: Trump ha sugerido incluso la posibilidad de apoderarse de los recursos petrolíferos del país si no se alcanza un acuerdo rápido.
Escalada de ataques y la central de Bushehr
La guerra, que comenzó el pasado 28 de febrero, ya ha dejado cicatrices profundas en el tejido industrial iraní. Durante el fin de semana, los ataques se extendieron a acerías, aeropuertos y farmacéuticas. Especial preocupación genera la central nuclear de Bushehr, la única instalación nuclear civil operativa en Irán.
Tras ser atacada por cuarta vez la madrugada del domingo —causando la muerte de un trabajador—, la empresa rusa Rosatom inició la evacuación de casi 200 empleados rusos hacia la frontera con Armenia. Aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no ha detectado fugas radiactivas, ha calificado la situación de «locura» y ha urgido a detener los ataques contra instalaciones nucleares.
Represalias regionales y mediación desesperada
Irán no se ha quedado de brazos cruzados. Teherán ha respondido con ataques contra infraestructuras en Kuwait, dejando fuera de servicio centrales eléctricas y plantas petroquímicas, y la Guardia Revolucionaria afirma haber golpeado objetivos similares en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos.
Mientras tanto, países como Egipto, Pakistán y Turquía agotan las vías diplomáticas en una carrera contrarreloj. El ministro de Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, ha alertado sobre una «explosión sin precedentes» en la región si no se logra frenar la ofensiva de Trump.
Pese a la retórica incendiaria, el presidente estadounidense dejó una pequeña puerta abierta a la esperanza al declarar a Fox News que algunos funcionarios iraníes «están negociando ahora» y que existe una «buena posibilidad» de alcanzar una postura común antes de que expire el plazo.



















