Los rostros clave de la acampada de la Puerta del Sol rememoran el nacimiento del movimiento y lamentan que las demandas sociales sigan vigentes. Advierten de que la frustración actual corre el riesgo de ser canalizada por la polarización y el populismo.
MADRID – Se cumplen tres lustros de la histórica protesta ciudadana del 15M, el movimiento de los «indignados» que reconfiguró el mapa político y social de España. Quince años después de que miles de personas tomaran las plazas del país con la Puerta del Sol de Madrid como epicentro, los principales impulsores y protagonistas de aquella movilización atienden a EFE con una conclusión unánime: los motivos para el descontento social siguen estando plenamente vigentes y la emergencia habitacional actual reúne los ingredientes para desatar un estallido similar.
«Ojalá un 15M de la vivienda»
«Ojalá un 15M de la vivienda que vuelva a unir a gran parte de la ciudadanía, dejando a un lado las siglas y las confrontaciones políticas», afirma Fabio Gándara, uno de los fundadores de la plataforma ‘Democracia real ya’ y promotor de la manifestación del 15 de mayo de 2011. Aquella marcha, convocada en la recta final del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en plena crisis económica, terminó con 24 detenidos en Madrid y una treintena de jóvenes pasando la noche al raso en Sol. Fue el inicio de una acampada que duró 28 días y cambió la historia reciente del país.
Gemma García, miembro del equipo de coordinación de aquellas multitudinarias asambleas generales, coincide en el diagnóstico: «El tema de la vivienda sigue desgraciadamente vigente y está cada vez peor. Sería necesario otro 15M, yo lo haría todos los años», matizando que no se trata de calcar el pasado, sino de recuperar aquel espíritu de protesta transversal. En la misma línea, el politólogo y participante del movimiento, Guillermo Fernández, sostiene que la vivienda es el único vector capaz de concitar hoy una «movilización rupturista» que aglutine a sectores muy diversos de la sociedad.
El peligro de la polarización y el populismo
Sin embargo, el contexto actual difiere notablemente del de 2011. Los lemas que inundaron las calles bajo el espíritu del ‘No nos representan’ o ‘Dormíamos, despertamos’ apelaban a una autoorganización ciudadana que hoy choca con un tablero político fuertemente dividido. Julia Ramírez-Blanco, historiadora del arte y autora de un libro sobre el movimiento, advierte que aunque la mecha «puede estallar en cualquier momento», la insatisfacción social se está canalizando ahora de forma muy distinta, principalmente a través de un «populismo de derechas».
Otras voces de la acampada, como la periodista Marta G. Franco o Aída Zancajo (entonces en el colectivo ‘Juventud sin futuro’), insisten en la urgencia de reactivar la movilización colectiva para abordar los problemas comunes, aunque reconocen las dificultades para hallar puntos de confluencia en el actual clima de «polarización» mediática y política.
El legado político y el desencanto con los nuevos partidos
Al echar la vista atrás, los «indignados» coinciden en que el 15M no fue un hecho aislado, sino un catalizador alimentado por luchas previas que terminaron de consolidar movimientos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o las mareas ciudadanas en defensa de la sanidad (blanca) y la educación (verde).
A nivel institucional, la consecuencia más evidente de aquella primavera de 2011 fue la ruptura del bipartidismo tradicional en España. Sin embargo, quince años después, el balance sobre el nacimiento de nuevas formaciones políticas como Podemos genera un profundo desencanto entre quienes impulsaron la protesta en las plazas. Los protagonistas lamentan que estas estructuras institucionales no cumplieran con las expectativas de democracia horizontal que nacieron en Sol. «Acabaron replicando vicios de la vieja política, como los hiperliderazgos o las confrontaciones entre bandos», concluye con amargura Fabio Gándara.















