El Consejo de Ministros ha aprobado la concesión de 247 millones de euros en créditos reembolsables a Marruecos y Uzbekistán para la mejora de sus redes de tranvías y trenes de alta velocidad, con cargo al Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM). La decisión, destinada a impulsar proyectos con una elevada participación de empresas españolas, ha generado críticas en un momento especialmente sensible para el transporte ferroviario nacional tras los recientes accidentes ocurridos en España.
Del total aprobado, 190 millones de euros irán destinados a Marruecos para el suministro de material rodante en la construcción de dos nuevas líneas del tranvía de Casablanca, siempre que una empresa española resulte adjudicataria del concurso internacional. El Ejecutivo considera el sector ferroviario marroquí estratégico para la internacionalización de las compañías españolas, especialmente en el subsector del material rodante, de alto valor añadido.
Por otro lado, Uzbekistán recibirá 57,4 millones de euros para financiar la ingeniería, fabricación y puesta en marcha de dos trenes eléctricos de alta velocidad Talgo-250, además de cuatro coches adicionales, repuestos y equipos de mantenimiento. El proyecto busca ampliar la flota ferroviaria del país asiático ante el aumento de la demanda y la expansión de nuevas líneas de alta velocidad.
Sin embargo, el anuncio llega en un contexto de creciente preocupación social por el estado de la red ferroviaria española, tras accidentes que han reabierto el debate sobre la inversión en seguridad, mantenimiento e infraestructuras dentro del país. Sindicatos, asociaciones de usuarios y parte de la oposición cuestionan que el Gobierno priorice la financiación de proyectos internacionales mientras persisten deficiencias en el sistema ferroviario nacional.
Las críticas apuntan a una contradicción política: España exporta tecnología ferroviaria y financia trenes en otros países, pero no logra evitar fallos que derivan en incidentes graves en su propio territorio. Aunque el Ejecutivo defiende que estos créditos impulsan empleo y competitividad para empresas españolas, el malestar social crece ante la sensación de que la seguridad de los ciudadanos debería ser la prioridad absoluta.
El debate queda abierto: internacionalización y negocio frente a inversión interna y prevención. Una discusión que cobra especial relevancia cuando los errores en el sistema ferroviario español siguen teniendo consecuencias humanas.














