Donald Trump volvió a ser el centro de atención en el Foro Económico Mundial de Davos, pero esta vez no solo por su estilo polémico: el presidente de Estados Unidos presentó su ambiciosa iniciativa internacional, la llamada “Junta para la Paz”, un organismo alternativo a la ONU diseñado para “garantizar la paz duradera en zonas de conflicto” bajo su control absoluto.
El acto, programado para el jueves a las 10:30 en los márgenes de la cumbre, marca el lanzamiento formal de la Carta fundacional de la Junta para la Paz, un documento de siete páginas que busca crear un organismo internacional de consolidación de la paz “más ágil y eficaz” que los actuales mecanismos multilaterales. Según fuentes oficiales, Trump pretende mantener la autoridad total sobre la Junta, incluso después de dejar la presidencia, incluyendo la elección de miembros, la agenda, la sede y la creación de subcomités.
La idea surgió inicialmente como parte de los esfuerzos de EE. UU. para mediar en Gaza, con la creación del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG) y su hoja de ruta de 20 puntos. Pero la propuesta de Trump ha ido mucho más allá, invitando a jefes de Estado de todo el mundo —desde aliados tradicionales como la UE, Japón, Canadá y Australia, hasta potencias como Rusia, China, India y países del Golfo— a sumarse a esta estructura paralela al Consejo de Seguridad de la ONU.
El proyecto incluye una polémica “subasta” de los puestos permanentes, con un coste de hasta 1.000 millones de dólares por miembro, lo que ha generado inquietud entre varios países. Algunos, como Hungría, Argentina o Vietnam, mostraron interés sin intención de pagar la cifra propuesta, mientras que Israel expresó preocupación por la presencia de Turquía y Qatar en subcomités clave. Europa, por su parte, se mantiene cauta y varios líderes, incluido Emmanuel Macron, han calificado la iniciativa como una amenaza al orden internacional y una posible “tomadura de pelo”.
Trump, según sus declaraciones recientes, considera que la diplomacia tradicional “ha fracasado” y que los conflictos globales deben gestionarse como empresas enfrentadas, con líderes omnipotentes tomando decisiones directas. La Junta para la Paz refleja esta visión: un organismo donde el presidente norteamericano actuaría como CEO mundial, sin limitaciones de mandato ni supervisión externa, con potestad para crear, modificar o disolver entidades subsidiarias según su criterio.
Expertos en relaciones internacionales y defensores del multilateralismo observan con alarma el desarrollo, advirtiendo que la iniciativa podría debilitar aún más la credibilidad de la ONU y desestabilizar la gobernanza global, mientras Trump refuerza su proyección internacional fuera de los canales convencionales.




















