La escalada bélica entre Irán, Israel y EE. UU. paraliza las exportaciones de Qatar y amenaza con una crisis de suministros sin precedentes. El petróleo Brent ya supera los 82 dólares.
Los mercados energéticos han entrado en una fase de volatilidad extrema este martes 3 de marzo. Tras los ataques iraníes a infraestructuras críticas, el precio del gas natural en Europa ha registrado una subida vertical del 30%, acumulando un incremento superior al 60% en apenas dos jornadas. Por su parte, el crudo Brent avanza un 6% ante el temor de que el conflicto en el Golfo Pérsico se vuelva crónico.
El Estrecho de Ormuz, un embudo estratégico bloqueado
La Guardia Revolucionaria Iraní ha declarado formalmente el cierre del Estrecho de Ormuz, advirtiendo que disparará contra cualquier buque que intente transitar por esta vía, por la que fluye una quinta parte del petróleo mundial. Esta situación se ha visto agravada por tres factores críticos:
- Parálisis en Qatar: El segundo mayor exportador de gas licuado (GNL) del mundo ha detenido sus entregas tras el cierre de su terminal principal, responsable del 20% de la oferta global.
- Ataques a infraestructuras: Se han reportado daños en la refinería de Ras Tanura (Arabia Saudí) y un incendio en un centro logístico clave en Fujairah (Emiratos Árabes).
- Vacío de seguros: Las grandes aseguradoras han cancelado las coberturas para los buques en la zona, disparando las tarifas de transporte marítimo a niveles prohibitivos.
Impacto global: De Europa a Asia
Mientras que el gas en los contratos TTF de Países Bajos ya supera los 57 euros por MWh (el doble que hace un mes), en Asia la preocupación es máxima. Países como Taiwán y Corea del Sur, cuya generación eléctrica depende en un 84% del gas catarí, buscan alternativas desesperadamente.
China, el mayor importador mundial, ha roto su silencio diplomático. La portavoz de Exteriores, Mao Ning, ha instado a «cesar de inmediato las operaciones militares» para salvaguardar la navegación, ante el riesgo de que su propia economía se vea asfixiada por el corte de suministros.
«Esto no tiene precedentes en la historia del gas natural licuado. La capacidad de recuperación de la cadena de suministro es muy limitada», advierte Richard Pratt, consultor de Precision LNG.




















