El presidente de EE. UU. ignora las peticiones de contención de sus aliados tradicionales y profundiza en una guerra que ya dispara el precio del crudo y hunde los mercados internacionales.
La estrategia de «máxima presión» de la Administración Trump ha mutado definitivamente en una guerra abierta de consecuencias imprevisibles. A pesar del vacío diplomático de sus aliados europeos y las crecientes señales de agotamiento en la economía mundial, Washington ha decidido acelerar sus operaciones militares en suelo iraní, coordinando con Israel ataques directos contra la cúpula del régimen de Teherán.
Este martes, el escenario internacional se presenta más fracturado que nunca. Mientras la Casa Blanca defiende la necesidad de «neutralizar la amenaza global» que representa Irán, las principales capitales europeas mantienen un «plantón» diplomático, desmarcándose de una escalada que consideran desproporcionada y peligrosa para la estabilidad del Mediterráneo y el suministro energético.
La economía global, en la cuerda floja
El impacto de los bombardeos y el bloqueo en el Golfo ya no es una amenaza teórica, sino una realidad que golpea los bolsillos de los consumidores en todo el mundo:
- Petróleo al alza: El temor a un cierre prolongado del estrecho de Ormuz ha disparado el barril de Brent, lo que amenaza con una nueva espiral inflacionista que los bancos centrales difícilmente podrán contener.
- Pánico en los mercados: Las bolsas asiáticas y europeas han abierto con fuertes pérdidas, reflejando el nerviosismo de los inversores ante la posibilidad de un conflicto regional prolongado que involucre a otras potencias.
- Crisis logística: Con el espacio aéreo de varios países del Golfo cerrado y las rutas marítimas bajo fuego, el comercio mundial se enfrenta a su mayor desafío logístico desde la pandemia.
Un presidente decidido y unos aliados ausentes
Donald Trump, en sintonía con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, parece haber hecho oídos sordos a las advertencias del Eje Europeo (liderado por Francia y Alemania), que abogan por una desescalada inmediata para evitar una catástrofe humanitaria. Desde el Pentágono, los mensajes refuerzan la idea de que la ofensiva no se detendrá hasta que la capacidad de respuesta de Irán quede totalmente mermada.
Sin embargo, el coste político interno para Trump también empieza a asomar. Aunque parte de su base electoral apoya la «mano dura», los estragos económicos —especialmente el encarecimiento de la energía en EE. UU.— podrían empezar a pasar factura a la narrativa de prosperidad económica que el presidente prometió en su regreso a la Casa Blanca.
La jornada de hoy se presenta crítica: con la embajada estadounidense en Bagdad bajo asedio y los mercados en caída libre, el mundo aguarda a ver si la diplomacia encuentra una rendija por la que colarse o si, por el contrario, la presión militar terminará por incendiar definitivamente todo el Próximo Oriente.




















