El régimen rebaja la edad mínima para unirse a los «voluntarios» de las fuerzas de seguridad. La medida busca reforzar el control interno y sofocar cualquier atisbo de protesta de la oposición mediante la vigilancia de adolescentes.
En un movimiento que ha encendido las alarmas de las organizaciones internacionales, las autoridades iraníes han anunciado que los adolescentes a partir de los 12 años ya pueden incorporarse como voluntarios a las fuerzas de seguridad en la capital. La decisión se produce en un contexto de guerra y máxima tensión, donde el control social se ha convertido en la prioridad absoluta de la República Islámica.
«Voluntarios» contra el «tirano mundial»
Rahim Nadali, responsable de una rama de la Guardia Revolucionaria en Teherán, fue el encargado de comunicar la noticia en un discurso televisado. Según el mando militar, la rebaja de la edad responde a un supuesto deseo masivo de la juventud por contribuir al «frente de resistencia contra el tirano mundial» (término con el que el régimen se refiere a Estados Unidos).
Sin embargo, analistas internacionales interpretan esta medida como un intento desesperado por:
- Aumentar el número de efectivos en las calles sin recurrir a tropas profesionales.
- Adoctrinar a las nuevas generaciones integrándolas directamente en el aparato represivo.
- Infiltrar la vigilancia en todos los estratos de la sociedad, utilizando a menores para vigilar a sus propios vecinos.
El papel de los Basijis
Los nuevos reclutas se integrarán en las filas de los basijis, la fuerza de movilización paramilitar que cuenta con unos 600.000 miembros en todo el país. Sus funciones principales en este nuevo escenario de guerra incluyen:
- Patrullas operativas: Presencia constante en las calles para disuadir concentraciones.
- Recopilación de datos: Labores de inteligencia y vigilancia sobre ciudadanos sospechosos de opositar al régimen.
- Controles de carretera: Multiplicación de los puestos de control en Teherán para blindar la ciudad ante posibles manifestaciones.
Un entorno de guerra y represión
Desde el inicio del conflicto bélico, el Gobierno iraní ha intensificado la persecución de la disidencia. El uso de menores en tareas de seguridad operativa no solo contraviene diversas convenciones internacionales sobre los derechos de la infancia, sino que evidencia la fractura interna de un país que utiliza a sus adolescentes para garantizar la supervivencia del sistema.
Dato clave: La medida se hace pública apenas dos semanas después de las masivas manifestaciones a favor del régimen del 13 de marzo, que fueron utilizadas por Teherán para proyectar una imagen de unidad nacional que ahora intenta apuntalar con este polémico reclutamiento.




















