El oficial de armamento de un F-15 derribado sobrevivió dos días herido en territorio enemigo, evadiendo a la Guardia Revolucionaria en una operación de extracción que costó 300 millones de dólares en equipo destruido.
En lo que los altos mandos del Pentágono ya califican como una misión «sin precedentes» y digna de un guion de Hollywood, las fuerzas especiales de Estados Unidos lograron rescatar con vida a un coronel, oficial de armamento, cuyo caza F-15 fue derribado el pasado viernes sobre suelo iraní durante la Operación ‘Epic Fury’.
El rescate, ejecutado bajo un despliegue masivo de tecnología y fuerzas de élite, pone fin a 48 horas de angustia en las que el militar estadounidense, a pesar de estar herido, logró evadir a sus perseguidores en una zona montañosa cercana a la estratégica ciudad de Isfahán.
Una huida heroica a 2.700 metros de altura
Tras eyectarse de su aeronave, el coronel inició una maniobra de evasión que duró dos días. Según informes oficiales, el oficial ascendió a pie un total de 2.700 metros hasta alcanzar la cresta de una montaña para obtener señal de radio, ya que su baliza GPS falló tras el impacto.
Mientras el militar se refugiava en una grieta, la CIA lanzaba una campaña de desinformación en Irán, difundiendo el rumor de que el piloto ya había sido extraído por tierra para desmoralizar a las patrullas iraníes. Sin embargo, la realidad era una incursión aérea masiva en curso.
El despliegue: Seals y fuego desde el cielo
La fase final de la operación fue ejecutada por un equipo de los Navy SEALs. Bajo el amparo de la noche y apoyados por drones MQ-9 Reaper con visión térmica, los comandos descendieron en helicóptero sobre la posición del oficial.
«Lo tenemos», fue el mensaje que confirmó el éxito de la localización, mientras la aviación estadounidense bombardeaba columnas de la Guardia Revolucionaria para impedir que cerraran el cerco sobre el fugitivo.
El alto precio de la libertad: $300 millones en pérdidas
Pese al éxito humano, la logística de la extracción fue caótica. Tras recoger al coronel, el equipo se dirigió a una base aérea abandonada para ser evacuados por dos aviones HC-130J Combat King II. Sin embargo, las aeronaves quedaron atrapadas en la arena de la pista.
Para evitar que tecnología sensible cayera en manos iraníes, el mando central tomó una decisión drástica:
- Destrucción controlada: EE.UU. tuvo que bombardear sus propios aviones C-130 atrapados y cuatro helicópteros MH-6 Little Bird.
- Bajas materiales: Irán logró derribar dos drones Reaper durante la operación.
- Coste total: Se estima que el operativo superó los 300 millones de dólares, un precio que la administración estadounidense considera «justificado» para evitar que sus oficiales fueran utilizados como moneda de cambio propagandística por Teherán.
Reacciones políticas y contraste de versiones
El presidente Donald Trump celebró el rescate a través de su red social Truth: «¡LO CONSEGUIMOS! En una de las operaciones más audaces de la historia, nuestro coronel está SANO Y SALVO». Para Washington, esto supone una «venganza histórica» que cierra la herida de la fallida operación Eagle Claw de 1979.
Por su parte, el régimen de Irán ha intentado minimizar el éxito estadounidense. El coronel Ebrahim Zolfagari, portavoz militar iraní, calificó la misión de «fracaso total», centrándose en las imágenes de los restos calcinados de las aeronaves estadounidenses que quedaron sobre el terreno.
Con este rescate, Estados Unidos ha logrado recuperar a tres tripulantes derribados en menos de 48 horas, enviando un mensaje contundente sobre su capacidad de recuperación de personal incluso en el corazón de territorio enemigo.



















