Madrid, 5 de mayo de 2026 — Tras más de medio año de incertidumbre, miedo y encierro, Miguel Barreno ha vuelto a pisar suelo español. El ciudadano madrileño, que fue capturado en octubre de 2025 por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Estados Unidos, aterrizó este fin de semana en Madrid con un salvoconducto, poniendo fin a una odisea que describe como una degradación constante del espíritu humano.
«Estar sin libertad es lo peor que te puede ocurrir. Es como que se te apaga todo. Se te apagan los contactos que tienes, se te va apagando el corazón, la vida, te vas degradando hasta el suelo», relató Barreno a El País tras su llegada.
De una vida familiar a una celda de detención
Miguel Barreno llegó a Chicago en 2017 siguiendo a su pareja, de origen nicaragüense. Aunque entró con visado de turista y se quedó en situación irregular, su vida transcurría sin antecedentes y plenamente integrada hasta que las políticas migratorias de la administración Trump endurecieron los controles.
- La detención: Su calvario comenzó en octubre de 2025 en Kentucky, cuando fue interceptado por agentes del ICE mientras viajaba en un vehículo con la familia de su novia. Gracias a su licencia de tráfico, los agentes accedieron a su historial y procedieron a una detención expeditiva: «Pum, pum, pum… me callé porque pensé que tenía derechos, pero ellos no me los leyeron», recuerda.
- El «olvido» institucional: A pesar de haber aceptado la «salida voluntaria» en noviembre para acelerar su regreso, Barreno quedó atrapado en un limbo burocrático. Su pasaporte estaba caducado y los trámites para renovarlo desde prisión se convirtieron en un laberinto de meses en el que llegó a sentirse «literalmente abandonado, como si no existiera».
Condiciones extremas en los centros del ICE
El testimonio de Barreno arroja luz sobre la crudeza de los centros de detención migratoria, donde convivió con presos comunes y otros extranjeros en condiciones de hacinamiento.
- Trato inhumano: Describe traslados a las cuatro de la mañana, esposado de pies y manos «como en las películas», y estancias en salas sin ventilación donde los detenidos apenas podían respirar.
- Inseguridad: «A mí me pasa algo en esa cárcel, me dan un golpe, ¿y qué hago? ¿Cómo me defiendo?», lamenta al recordar el miedo constante que sufrió durante los cuatro meses que pasó en el centro de Brazil (Indiana) y posteriormente en Kentucky.
El regreso con un salvoconducto
La liberación definitiva no llegó hasta que el Consulado español en Chicago logró tramitar un salvoconducto. El pasado 2 de mayo, escoltado por agentes del ICE hasta la puerta de embarque del aeropuerto, Barreno pudo finalmente volar hacia la libertad.
Hoy, de vuelta en Madrid, lleva consigo un sobre con sus pocas pertenencias —un móvil, un reloj inteligente y un llavero de Nicaragua— y las cicatrices psicológicas de una experiencia que, asegura, le ha cambiado para siempre. Su caso se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de los migrantes bajo el actual sistema de deportaciones masivas en Estados Unidos.












