En un contexto global marcado por la tensión social, la Ciudad Autónoma de Ceuta ha vuelto a reivindicar su identidad multicultural como un escudo frente a la intolerancia. Durante la gala de entrega del Premio Convivencia 2026, celebrada en el Teatro Auditorio del Revellín, el presidente Juan Vivas ofreció un discurso de marcado carácter político y reflexivo. Según recoge una crónica de El Faro de Ceuta, el líder del Ejecutivo local defendió la diversidad cultural de la ciudad no como una teoría, sino como una realidad cotidiana e irrenunciable.
El reconocimiento a Amin Maalouf y el rechazo a las trincheras ideológicas
El galardón de este año ha recaído en el célebre escritor franco-libanés Amin Maalouf, a quien Vivas describió como una «referencia ética e intelectual». El presidente aprovechó la ocasión para conectar el pensamiento del autor —especialmente su crítica a las «identidades asesinas»— con la situación actual, alertando sobre el peligro de transformar las diferencias culturales o religiosas en armas políticas.
«No existe alternativa a la convivencia. Cualquier intento de división o enfrentamiento identitario conduciría inevitablemente a la autodestrucción», advirtió Vivas con firmeza durante su intervención.
La cotidianidad de las cuatro culturas
El discurso institucional puso el foco en que la convivencia ceutí «forma parte del paisaje». Vivas ejemplificó esta normalidad democrática recordando cómo en un breve lapso de tiempo la ciudad ha celebrado la Semana Santa, el Ramadán, la Pascua Judía y el Año Nuevo Hindú:
- Patrimonio sonoro y espiritual: La convivencia entre el repique de campanas, la llamada a la oración, el Sabbat y los templos hindúes.
- Fortaleza social: El presidente insistió en que la diversidad no debilita a la sociedad, sino que la hace «más abierta, tolerante y humana».
- Garantía constitucional: Se vinculó el respeto a las minorías y la igualdad de oportunidades directamente con la salud de los principios democráticos.
Ceuta como puente mediterráneo
Por su parte, la consejera de Educación y Cultura, Pilar Orozco, respaldó la visión del presidente definiendo a Ceuta como un «sedimento vivo de civilizaciones» y un espacio donde «las identidades suman en lugar de restar». Orozco destacó que las veinte ediciones del Premio Convivencia respaldan el compromiso ético de la ciudad para consolidar el Mediterráneo como un punto de encuentro y no de confrontación.
La velada concluyó con una ovación unánime del auditorio a un discurso que situó al pueblo ceutí como el verdadero guardián de un modelo social que, en palabras de sus dirigentes, previene el naufragio colectivo a través del respeto mutuo.















