Un informe de Plan International revela que el 17% de los menores y jóvenes en España ha sufrido violencia digital, un problema que el 16% experimenta con 12 años o menos
La exposición de los menores a entornos digitales sin una supervisión adecuada está reconfigurando su percepción de la violencia. El 65% de los adolescentes y jóvenes en España considera que cualquier tipo de contenido que consume en las redes sociales —desde debates políticos y feministas hasta publicaciones de carácter violento, sexual o pornográfico— tiene como única finalidad el entretenimiento. Esta es una de las principales conclusiones del estudio titulado (Sobre)expuestos online: conocimiento, aceptación y experiencias de violencias digitales en adolescentes y jóvenes, presentado este jueves por la organización Plan International. El documento, basado en una muestra de mil encuestas a personas de entre 14 y 21 años, alerta sobre el elevado tiempo de consumo pasivo, la falta de control familiar sobre los contenidos y la temprana edad en la que se inician las experiencias de acoso y abuso en la red.
Un consumo pasivo, prolongado y guiado por el algoritmo
El informe detalla que los jóvenes españoles dedican una parte muy significativa de su jornada diaria a la actividad en entornos virtuales. La mitad de los encuestados pasa hasta tres horas al día conectados a las redes sociales de lunes a viernes, mientras que un 19% admite permanecer en estas plataformas durante diez horas o más cada día. Este uso intensivo se caracteriza por ser predominantemente pasivo y receptor: apenas el 16% de los participantes utiliza las redes para la creación de contenido propio.
En cambio, las actividades mayoritarias se centran en la comunicación con amigos, familiares y contactos cercanos (70%), la visualización de publicaciones de su entorno de amistades (48%) y el consumo directo de los contenidos sugeridos por los sistemas de recomendación de las propias aplicaciones (33%). En este sentido, la capacidad de control del usuario sobre lo que consume es muy reducida, ya que únicamente el 25% de los jóvenes encuestados se considera capacitado para entrenar al algoritmo que selecciona y decide los vídeos, imágenes o textos que aparecen en sus pantallas.
A nivel de temáticas, el estudio refleja una amplia variedad de intereses y consultas. Un 59% de los jóvenes recurre a las plataformas digitales para resolver dudas de carácter académico, un 22% realiza búsquedas relacionadas con el bienestar físico, las dietas y las rutinas deportivas, y un 7% busca información sobre salud mental. En lo relativo a los contenidos que visualizan de manera habitual, destacan las publicaciones sobre política (59%), feminismo (52%) y pautas sobre cómo convertirse en un «hombre o mujer de alto valor» (42%).
Asimismo, existen marcadas diferencias de género en el uso de las tecnologías de entretenimiento; los juegos en línea muestran una brecha de 30 puntos porcentuales entre sexos, siendo utilizados por el 51% de los chicos frente al 21% de las chicas.
La normalización de la violencia y la prevalencia del abuso digital
Los autores del informe advierten de que esta exposición continuada a contenidos inadecuados influye de manera directa en el desarrollo de los adolescentes. Al no contar de manera generalizada con una educación afectivo-sexual integral ni con el acompañamiento crítico necesario para evaluar de forma madura lo que observan, se produce una asimilación y normalización de los estereotipos de género perjudiciales, de la violencia y de la sexualización de mujeres y niñas.
De acuerdo con los datos recopilados por Plan International, el 17% de los encuestados afirma haber sido víctima directa de violencia digital. Esta problemática registra una mayor prevalencia entre los jóvenes que ya han alcanzado la mayoría de edad (23%) en comparación con los que aún son adolescentes (12%). La exposición a estos riesgos comienza a edades muy tempranas: siete de cada diez víctimas sufrieron estas agresiones por primera vez entre los 13 y los 17 años, mientras que un 16% de los afectados se enfrentó a la violencia digital con 12 años o menos.
Entre las distintas formas de agresión en la red, la recepción de contenido sexual no deseado se sitúa como una de las experiencias más comunes, afectando al 59% de quienes sufren violencia a edades tempranas. Las diferencias de género vuelven a ser significativas en este ámbito, siendo las chicas quienes padecen en mayor medida todas las vertientes de la violencia digital de carácter sexual, tales como las proposiciones y comentarios de índole sexual (32% frente al 22% de los chicos), el chantaje y la recepción de material íntimo no solicitado.
El silencio de las víctimas y la ausencia de límites familiares
Uno de los aspectos más preocupantes que revela la investigación es la gestión emocional y el aislamiento de los menores tras sufrir una agresión digital. La violencia sexual en internet suele vivirse con un fuerte sentimiento de vergüenza, lo que lleva al 77% de quienes reciben material sexual no deseado a mantener la experiencia en absoluto secreto. Solo el 38% de los afectados optó por comunicar la situación a sus núcleos familiares, y apenas un 14% tramitó una denuncia formal a través de las herramientas que proporcionan las propias plataformas de redes sociales.
A esta falta de comunicación se une una distorsión en la atribución de responsabilidades ante la comisión de abusos. Más de la mitad de los encuestados considera que la responsabilidad de que se produzca una situación de violencia digital recae sobre la persona que decide grabar o subir el contenido íntimo original. Por el contrario, solo una quinta parte de los jóvenes sitúa la culpa en el sujeto que difunde dicho material sin contar con el consentimiento del afectado.
Por otra parte, el estudio de Plan International constata una notable falta de regulación y supervisión en el ámbito familiar. Cuatro de cada diez adolescentes y jóvenes españoles carecen por completo de normas parentales relativas al uso de sus dispositivos móviles, y solo un 18% afirma autoimponerse algún tipo de restricción de forma voluntaria.
Entre las pautas de autocontrol más comunes figuran el no llevar el teléfono inteligente a las clases lectivas (alrededor del 25%) o mantener el terminal alejado de la cama a la hora de conciliar el sueño (aproximadamente el 30%). En los casos en los que sí existen límites establecidos por las familias (74%), estas directrices regulan principalmente el tiempo de conexión y los lugares de uso, pero obvian el tipo de material consumido: únicamente el 20% de los menores cuenta con normas familiares específicas sobre los contenidos a los que accede en internet.
Percepción social de las conductas delictivas en la red
A pesar de que el 40% de los jóvenes afirma ver contenido de carácter violento en las redes y un 35% reconoce visualizar material de contenido sexual o pornográfico —ambos catalogados como no permitidos por las normas de las plataformas—, la frecuencia de consumo declarada es mayoritariamente ocasional. El rechazo hacia la violencia en el entorno virtual es casi unánime entre los encuestados, ya que ocho de cada diez defienden que nunca se debería autorizar este tipo de publicaciones.
Sin embargo, el consenso disminuye cuando se abordan otras materias: solo el 52% se muestra favorable a vetar de manera permanente el acceso a la pornografía en las redes y apenas el 37% prohibiría aquellos contenidos dirigidos a reforzar y perpetuar los estereotipos de género.
En cuanto a la catalogación de las conductas delictivas, el 79% de los jóvenes identifica la grabación de imágenes íntimas o sexuales a través de videollamadas para su posterior difusión sin consentimiento como un delito, un porcentaje similar al de aquellos que consideran delictivo suplantar la identidad de un tercero en aplicaciones de citas (72%). Asimismo, el 65% de la muestra asocia los insultos en redes y el envío de comentarios o peticiones sexuales explícitas como formas directas de violencia digital. En contraposición, solo un 3% de los encuestados aprueba la grabación de contenido sexual de otra persona sin su consentimiento, aun en el supuesto de que dicho material no llegue a difundirse.
Expertos consultados en el marco del estudio inciden en que la presentación de mensajes radicales bajo un formato de entretenimiento común y de masas facilita su aceptación y consumo sin que los jóvenes perciban la conexión existente con la normalización de la violencia. De hecho, seis de cada diez encuestados señalan esta normalización social como la causa principal que origina la violencia digital.
Desde la dirección de Plan International en España, su directora general, Virginia Saiz, ha advertido sobre los riesgos asociados a los periodos vacacionales, donde el incremento del tiempo libre y la menor supervisión favorecen que los adolescentes pasen horas expuestos a lo que dictan las recomendaciones algorítmicas de las redes. Ante esta realidad, la organización reclama un marco regulador urgente que obligue a las plataformas digitales a diseñar entornos de navegación seguros, garantizar la transparencia en sus algoritmos de recomendación y moderar de forma eficaz los contenidos a los que acceden los menores.
















