El grupo yemení amenaza con estrangular las rutas alternativas del petróleo saudí en el estrecho de Bab el Mandeb, elevando el riesgo de una crisis logística y energética global.
ESTAMBUL. — La crisis de seguridad en Oriente Medio ha sumado un nuevo y crítico frente. Los insurgentes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, han anunciado un bloqueo naval inmediato contra Arabia Saudí, trasladando las tensiones del estrecho de Ormuz al mar Rojo y amenazando con reabrir de forma cruenta el conflicto yemení.
El portavoz militar de las fuerzas hutíes, Yahya Saree, justificó la medida como un acto de reciprocidad («ojo por ojo») frente al cerco económico que Riad ha mantenido sobre Yemen durante más de una década. «Cualquier acto insensato cometido por el enemigo saudí será respondido con una escalada integral y decisiva», advirtió el mando rebelde.
Amenaza directa al suministro petrolero mundial
La declaración de bloqueo pone en jaque la principal ruta de escape de la economía saudí. Ante la parálisis del tráfico marítimo en Ormuz provocada por la confrontación entre Estados Unidos e Irán, Riad había desviado millones de barriles de crudo hacia el mar Rojo mediante oleoductos terrestres.
- Punto estratégico: El eventual cierre o sabotaje del estrecho de Bab el Mandeb —por donde circula aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial— dejaría acorraladas las exportaciones energéticas de la región.
- Respuesta de Riad: El portavoz del ejército saudí, Turki al Malki, calificó la amenaza de «piratería marítima» y aseguró que sus fuerzas garantizarán la libre navegación, advirtiendo de respuestas «rápidas y firmes» ante cualquier ataque.
Detonantes del choque y conflicto regional
El desencadenante directo de esta escalada fue el bombardeo saudí contra el aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un aparato procedente de Irán. La acción se produjo después de que los hutíes intentaran asumir de forma unilateral la gestión del espacio aéreo yemení. Como respuesta, el grupo rebelde lanzó misiles y drones contra el aeropuerto saudí de Abha, rompiendo la calma relativa mantenida desde la tregua de hace cuatro años.
Esta reactivación del conflicto en Yemen transcurre de forma paralela a los continuos intercambios de ataques entre Washington y Teherán en el golfo Pérsico —que han afectado a buques cisterna y provocado represalias iraníes en Kuwait, Baréin y Jordania—, mientras mediadores como Qatar y Pakistán intentan infructuosamente reabrir las vías diplomáticas.


















