Xi Jinping quiere que el Ejército Popular de Liberación de China alcance en 2027, año de su centenario, un nuevo nivel de modernización basado en la inteligencia artificial, los sistemas no tripulados y la guerra automatizada. El ambicioso proceso avanza mientras el régimen intensifica las purgas contra altos mandos militares para garantizar su disciplina y lealtad política.
China prepara una profunda transformación de sus Fuerzas Armadas con el objetivo de disponer de un ejército más tecnológico, autónomo y preparado para los conflictos del futuro. El calendario marcado por Pekín sitúa 2027 como una fecha clave, coincidiendo con los cien años de la fundación del Ejército Popular de Liberación.
Durante una reciente reunión del Politburó, Xi Jinping volvió a insistir en la necesidad de acelerar el desarrollo de unas fuerzas armadas “inteligentes”. El proyecto pretende integrar nuevos sistemas capaces de analizar información, coordinar operaciones y tomar decisiones tácticas con una intervención humana cada vez menor.
La modernización militar china no se limita a incorporar nuevas armas. Pekín trabaja en una modificación completa de su doctrina de combate, con especial atención a los drones, los vehículos autónomos, los sistemas robóticos y las redes de inteligencia artificial.
Entre los avances más destacados figura la incorporación de los cazas furtivos J-35, las aeronaves J-15T y los aviones de alerta temprana KJ-600. Estos aparatos forman parte de la nueva capacidad aérea embarcada de China y están destinados a reforzar las operaciones de sus portaaviones.
Los buques Liaoning y Shandong también realizaron recientemente operaciones conjuntas en el Pacífico Occidental, una maniobra que mostró la creciente capacidad de la Armada china para coordinar varias plataformas navales lejos de sus costas.
A este despliegue se suma el desarrollo de misiles hipersónicos, sistemas de guerra electrónica y armamento de largo alcance, elementos centrales de la estrategia con la que Pekín pretende convertirse en una potencia militar de primer nivel.
Drones, robots y decisiones automatizadas
La transformación impulsada por Xi Jinping concede un papel prioritario a los sistemas no tripulados. China trabaja en enjambres de drones, vehículos submarinos autónomos y robots terrestres capaces de intervenir en operaciones de vigilancia o combate.
También se han presentado perros robóticos equipados con armamento y plataformas diseñadas para actuar en escenarios peligrosos sin exponer directamente a los soldados.
El objetivo es crear una estructura militar en la que diferentes sistemas puedan compartir datos en tiempo real y responder de forma coordinada. La inteligencia artificial permitiría identificar objetivos, anticipar amenazas y acelerar la toma de decisiones durante una operación.
Pekín estaría utilizando además modelos de lenguaje y tecnologías de código abierto para desarrollar sus propias herramientas, una estrategia que le permitiría avanzar pese a las restricciones tecnológicas impuestas por Estados Unidos.
Sin embargo, esta apuesta plantea una contradicción dentro del propio régimen. Mientras China busca máquinas capaces de actuar con un elevado grado de independencia, el Partido Comunista exige una obediencia absoluta a los responsables humanos que controlan las Fuerzas Armadas.
Xi Jinping intensifica las purgas militares
La modernización tecnológica coincide con una fuerte campaña contra la corrupción dentro de la cúpula militar. Durante los últimos años, varios altos mandos han sido destituidos o investigados en un proceso que también busca reforzar el control político de Xi Jinping.
La Fuerza de Cohetes, responsable de una parte fundamental del arsenal estratégico y nuclear chino, ha sido una de las estructuras más afectadas por estas purgas.
También han caído en desgracia dos antiguos ministros de Defensa y miembros de distintos niveles de la jerarquía militar. Incluso el entorno de figuras veteranas consideradas cercanas al núcleo de poder ha quedado bajo vigilancia.
El mensaje transmitido por Pekín es que la modernización del Ejército debe ir acompañada de una lealtad ideológica absoluta. El actual ministro de Defensa, el almirante Dong Jun, ha reiterado públicamente su fidelidad al sistema de responsabilidad presidencial encabezado por Xi.
Las autoridades chinas consideran que la tecnología no será suficiente si los mandos militares no responden directamente a las instrucciones del Partido Comunista.
Taiwán, en el centro de la estrategia
La evolución del Ejército chino mantiene a Taiwán como uno de sus principales escenarios estratégicos. Pekín considera la isla parte de su territorio y no ha descartado recurrir a la fuerza para conseguir la reunificación.
Sin embargo, una evaluación de la inteligencia estadounidense citada en la información descarta que exista un plan inmediato de invasión.
La estrategia china podría centrarse, al menos a corto plazo, en aumentar la presión militar y económica sin iniciar un desembarco. Los ejercicios navales, las incursiones aéreas y las patrullas de la Guardia Costera permiten a Pekín mantener una situación de coerción permanente alrededor de la isla.
Este tipo de actuaciones forman parte de la denominada “zona gris”, un espacio situado entre la paz y un conflicto abierto. La finalidad es desgastar a Taiwán, probar sus defensas y normalizar la presencia militar china en sus alrededores.
Una potencia militar con proyección internacional
China también intenta reforzar su imagen como garante de la seguridad internacional. El país es el principal aportador de tropas para misiones de paz de Naciones Unidas entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Pekín combina su expansión militar con operaciones humanitarias y sanitarias. A finales de julio, el buque hospital Auspicious Ark inició una misión hacia África y el sur de Asia, tomando el relevo del Silk Road Ark, que acababa de completar una extensa travesía por el Pacífico Sur y Latinoamérica.
Estas misiones permiten a China proyectar influencia, estrechar vínculos diplomáticos y presentar su creciente capacidad naval como una herramienta al servicio de la cooperación internacional.
El plan militar chino establece otros dos horizontes decisivos: 2035, cuando Pekín espera completar gran parte de la modernización de sus fuerzas, y 2049, fecha en la que pretende disponer de un ejército de categoría mundial.
El desafío de Xi Jinping será combinar una maquinaria militar cada vez más autónoma y tecnológicamente avanzada con un sistema político que no admite independencia entre sus mandos. China quiere armas capaces de pensar por sí mismas, pero generales que nunca cuestionen las órdenes del Partido.


















