Xu Jiayin, fundador del gigante inmobiliario Evergrande y ex hombre más rico de China, ha sido condenado a cadena perpetua por un tribunal de Shenzhen tras ser hallado culpable de múltiples delitos financieros, en lo que supone el epílogo judicial de uno de los mayores colapsos empresariales de la historia reciente del país.
La sentencia y los delitos
El fallo judicial no solo impone la máxima pena privativa de libertad, sino que ordena la confiscación total de los bienes de Xu. Las claves del dictamen penal recaen sobre:
- Delitos atribuidos: Fraude en la captación de fondos, apropiación indebida de depósitos públicos y emisión fraudulenta de valores de forma «sostenida y a gran escala» entre 2016 y 2021.
- Mecanismos ilícitos: Inflado de activos, ocultación de pasivos, desvío ilegal de fondos bancarios y de seguros, además de la apropiación de activos corporativos mediante el reparto de dividendos.
- Multas millonarias: Sanciones directas de 8.820 millones de yuanes a Evergrande y de 7.000 millones a su filial Hengda Real Estate.
- Otros implicados: Procedimientos paralelos concluyen con condenas de entre 22 meses y 18 años de prisión para 56 ejecutivos y personas vinculadas al conglomerado.
De la cima al colapso: la caída de un gigante
La trayectoria de Xu Jiayin (también conocido como Hui Ka Yan) simboliza el vertiginoso ascenso y posterior crisis del modelo económico chino basado en la especulación y el endeudamiento masivo.
- El auge: Tras pasar de la pobreza rural a fundar Evergrande en 1996, Xu convirtió a la promotora en un titán con 1.300 proyectos en más de 280 ciudades. En 2017, su fortuna alcanzó los 43.000 millones de dólares.
- El detonante: El modelo, sostenido por la preventa de viviendas sobre plano y un alto apalancamiento, colapsó en 2020 cuando Pekín impuso las restricciones financieras de las «tres líneas rojas» para frenar la burbuja inmobiliaria.
- La crisis: En 2021, la imposibilidad de refinanciar una deuda gigantesca superior a los 300.000 millones de dólares derivó en el impago de bonos, obras paralizadas y un severo impacto social que desató la mayor crisis del sector en el país.
La condena cierra la era dorada del crédito barato y la construcción desmedida que impulsó la urbanización acelerada en China durante las últimas décadas.













