El santoral católico celebra hoy, 6 de septiembre, a San Zacarías (siglo V a. C.), profeta vinculado tradicionalmente al retorno del pueblo y a la restauración de Jerusalén.
Este domingo la conmemoración se centra en la figura de los profetas, cuya predicación sirve de referente para la vida comunitaria y el culto.
San Zacarías (siglo V a. C.)
San Zacarías aparece en la tradición bíblica como autor del libro que lleva su nombre; la datación se sitúa en las décadas posteriores al exilio babilónico. El texto profético combina llamadas a la conversión con promesas de restauración: reclama una vuelta a Dios que vaya acompañada de justicia y coherencia en la conducta, y vincula la reconstrucción de Jerusalén con la consolidación de la comunidad creyente.
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Celebrado el 6 de septiembre, Zacarías se interpreta habitualmente como una voz que busca sostener la esperanza en tiempos de reconstrucción y orientar la práctica religiosa hacia la reparación del culto y el compromiso social.
La inclusión de Zacarías en el santoral establece un puente entre el Antiguo Testamento y la espiritualidad cristiana, mostrando cómo la tradición profética se lee hoy como llamada a la conversión y fidelidad a la alianza.
Otros santos que se celebran el 6 de septiembre
- San Onesíforo: discípulo de san Pablo, del siglo I.
- Santos Donaciano, Presidio, Mansueto, Germán, Fúsculo y Leto: obispos y mártires del siglo V.
- San Eleuterio de Spoleto: abad del siglo VI.
- San Cagnoaldo de Laon: obispo (632).
- Santa Bega de Cumberland: monja (660).
- San Magno de Füssen: abad del siglo VIII.
- San Bertrando de Garrigues: presbítero (1230).
- Beato Diego Llorca Llopis: presbítero y mártir (1936).
- Beato Pascual Torres Lloret: mártir (1936).
Significado litúrgico de la conmemoración del 6 de septiembre
La liturgia de la fecha subraya la continuidad entre profecía y testimonio. Junto a San Zacarías se recuerdan mártires, obispos y otros testigos de la vida religiosa —como Donaciano y sus compañeros, san Eleuterio de Spoleto y san Magno de Füssen— y se evocan también los beatos mártires de 1936, que conservan la memoria del sufrimiento por la fe.








