MADRID – La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental ha provocado un auténtico terremoto político en el seno del PSOE. La decisión del juez de la Audiencia Nacional, Ismael Calama, ha sumido a la formación en un estado de abatimiento y desconcierto que amenaza con quebrar de forma definitiva la confianza interna en el proyecto de Pedro Sánchez.
Cargos y dirigentes de distintas federaciones coinciden en que el golpe va directo al «corazón» del partido. La figura de Zapatero, que en los últimos años había actuado como el principal faro ideológico y de movilización para el sanchismo en momentos de crisis, se enfrenta ahora a un horizonte judicial sumamente complejo.
División interna ante un posible fin de ciclo
A diferencia de otras crisis recientes que han sacudido al partido —como los casos de los ex secretarios de Organización, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, o los malos resultados electorales—, la situación de Zapatero ha abierto una brecha profunda entre los cuadros socialistas.
- El sector pesimista: Voces internas de peso admiten de forma cruda que la situación es límite. «El golpe es durísimo. Para el partido y para el país», ha confesado Carlos Martínez, secretario general del PSOE en Castilla y León. Otros dirigentes van más allá bajo condición de anonimato, reconociendo que el desgaste acumulado es insostenible: «Quizá esto no dé para más», apuntan con temor a que este caso sea la estocada final.
- El sector defensivo: Quienes intentan mantener el cierre de filas se aferran a que el auto judicial se basa en «conversaciones de terceros» y facturas legales, y denuncian un intento coordinado por desestabilizar al Ejecutivo. Miembros de la Ejecutiva Federal alertan de que la imputación busca «ir a por el corazón» del PSOE para forzar la caída de Pedro Sánchez: «O acabas tú con esto o acabamos nosotros».
Moncloa modula el discurso: se entierra la tesis del ‘lawfare’
En el plano institucional, los esfuerzos de la dirección del Gobierno por proyectar una imagen de «tranquilidad» no consiguen calmar las aguas. Aunque Pedro Sánchez verbalizó desde el Congreso su «confianza plena» y «todo su apoyo» a Zapatero, llamó la atención que evitara poner la mano en el fuego de forma tajante sobre su inocencia. «El presidente salió así porque si no nos derrumbamos», admiten fuentes gubernamentales.
«Calama no es Peinado», advierten de forma unánime miembros del partido y del Gobierno tras analizar las 85 páginas del auto.
La lectura reposada del texto del magistrado Ismael Calama ha obligado a Moncloa a enterrar la teoría de la «guerra sucia judicial» (lawfare) que el PSOE intentó abanderar en las primeras horas. En el entorno del Ejecutivo asumen que se trata de un auto «serio», técnico y argumentado, lo que anticipa un proceso largo y de consecuencias políticas imprevisibles.
Silencio de la dirección y «respeto a los tiempos»
Pese a la gravedad del asunto, la dirección del Grupo Socialista en el Congreso ha optado por no enviar instrucciones ni argumentarios de apoyo público obligatorio hacia el expresidente. La consigna oficial se limita a la prudencia y a evitar una defensa sin matices.
Por su parte, el entorno del propio Zapatero asegura que el exjefe del Ejecutivo se encuentra «tranquilo» y que tiene la firme intención de comparecer ante los medios de comunicación para ofrecer explicaciones detalladas antes de su cita oficial en la Audiencia Nacional.















