El polifacético creador y empresario mantiene desde hace más de veinte años un estrecho vínculo con este municipio del norte de la isla, un enclave que cuenta con 66 Bienes de Interés Cultural y conserva intacta su identidad local
Pollença se ha consolidado a lo largo de las últimas décadas como un espacio de preservación patrimonial e identidad local en el norte de Mallorca, manteniéndose al margen de las transformaciones derivadas del turismo de masas. Situado entre la Serra de Tramuntana y el mar Mediterráneo, este municipio mallorquín ha ejercido históricamente un notable atractivo sobre creadores, literatos y viajeros que buscan entornos tradicionales. Entre las personalidades que han fijado allí su residencia emocional destaca Emilio Aragón, quien desde hace más de veinte años utiliza esta localidad como un refugio de estabilidad y descanso junto a su familia, apartado de la exposición pública de su carrera profesional.
Un enclave de tranquilidad y arraigo generacional para la familia Aragón
La vinculación del actor, productor musical y empresario con Pollença no obedece a una elección coyuntural, sino que se ha estructurado como una relación de larga duración que supera las dos décadas. Durante el periodo estival, el comunicador traslada su rutina habitual hacia el norte de la isla para desarrollar actividades vinculadas a la navegación por la bahía, visitas a las pequeñas calas de los alrededores y recorridos por el casco histórico de la villa. La integración de Emilio Aragón en la dinámica cotidiana del municipio se desarrolla de forma armónica y sin protocolos, favorecida por el carácter hospitalario de la población local.
Este arraigo en el territorio balear se ha transmitido a las siguientes generaciones de la familia. Nacho Aragón, hijo menor del artista, ha consolidado su vinculación con el municipio al designar este entorno geográfico como el escenario para la celebración de su enlace matrimonial con Bea Gimeno. El acontecimiento confirma la relevancia de Pollença en la trayectoria íntima y la memoria histórica de los Aragón, transformando el término municipal en un punto de encuentro familiar recurrente.
De la dominación de Roma al simbolismo del Pont Romà
El valor de Pollença radica de forma significativa en su densidad histórica, avalada oficialmente por la catalogación de 66 Bienes de Interés Cultural (BIC) dentro de su término. Las evidencias arqueológicas sitúan los primeros indicios de ocupación humana en las fases pretalayótica y talayótica. No obstante, la estructuración jurídica y territorial de la zona recibió un impulso definitivo con la llegada de la civilización romana. La fundación de la ciudad de Pollentia en el año 123 antes de Cristo, ubicada en las proximidades de la actual Alcúdia, determinó la evolución de toda la comarca y fijó la raíz del topónimo que ostenta el municipio actual.
La historiografía constata que, tras el declive y posterior desaparición de la Pollentia romana, un sector de la población se desplazó hacia el emplazamiento actual del núcleo urbano, importando la denominación originaria. El vestigio más visible de esta influencia es el denominado Pont Romà o Puente Romano, erigido sobre el cauce del torrente de Sant Jordi. Aunque la documentación científica disponible encuadra la edificación de la estructura pétrea en la época medieval, los paralelismos constructivos con las obras de ingeniería de la Antigua Roma asentaron una designación popular que se mantiene plenamente vigente.
La ordenación medieval y la defensa histórica de Joan Mas
La fisonomía urbana contemporánea de Pollença se configuró a partir del año 1229, fecha que marca la conquista cristiana de Mallorca por parte de las tropas del rey Jaume I. El posterior proceso de distribución de las tierras entre diferentes estamentos nobiliarios y órdenes religiosas propició un crecimiento demográfico y constructivo fundamental para el término. De este periodo data la erección de la iglesia de Nostra Senyora dels Àngels, un templo ubicado en la plaza principal que continúa ejerciendo como el eje de referencia arquitectónica del centro histórico.
La crónica local atesora asimismo capítulos de resistencia civil frente a las amenazas exteriores del Mediterráneo. El episodio de mayor repercusión institucional acaeció en el año 1550, cuando el municipio sufrió una incursión militar de origen otomano. La tradición histórica documenta que un residente de la localidad, Joan Mas, asumió la dirección de la estrategia defensiva de la población para repeler a los invasores. Con el transcurso de los siglos, esta acción bélica elevó a Mas a la categoría de héroe popular, significando el carácter histórico y la memoria colectiva de los habitantes de Pollença.















