La presidenta madrileña defiende su postura sobre la inmigración tachando de «fraude» la regularización masiva, mientras la izquierda le afea su «crueldad» tras dar marcha atrás con el copago a los enfermos de ELA.
MADRID – Un pleno de alta tensión litúrgica y dialéctica se ha vivido este jueves en la Asamblea de Madrid. Con la inminente llegada del Papa León XIV a la capital como telón de fondo —y tras la reciente audiencia privada de la presidenta regional en Roma—, la sesión de control se ha convertido en un cruce de reproches de corte moral y político. Isabel Díaz Ayuso ha tenido que afrontar las duras críticas de la oposición por el polémico intento de rebajar las ayudas a los enfermos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), al tiempo que ha endurecido su discurso contra el Gobierno central a cuenta de la crisis migratoria.
El «frenazo» al copago de la ELA
El pleno ha estado profundamente marcado por la reciente rectificación del Gobierno autonómico. Tras las protestas de las familias afectadas, la Comunidad de Madrid dio marcha atrás en su plan de aprovechar un resquicio de la ley de dependencia para aplicar un «copago» que habría recortado un 40% la subvención máxima a los pacientes de ELA.
La oposición no ha dejado pasar la oportunidad para afearle la estrategia. La portavoz del PSOE, Mar Espinar, celebró la retirada de la medida ironizando con que «no ha sido un arrebato de corazón, sino que alguien le ha tenido que decir que disimule un poquito más», añadiendo de forma tajante que «la crueldad tiene un nombre, y es el suyo». Ayuso se defendió de manera escueta calificando las acusaciones de «falsas», mientras que Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, resumió el movimiento del Ejecutivo madrileño como una evidente «recogida de cable».
Choque por la inmigración: «Fraude electoral» e «importar pobreza»
El debate de tintes religiosos se elevó cuando Vox y la izquierda cuestionaron la sintonía de la presidenta con la doctrina social de la Iglesia. Isabel Pérez Moñino (Vox) pinchó a Ayuso acusándola de ver como una «bendición» la llegada de mano de obra extranjera, convirtiendo a Madrid en «una aspiradora humana infinita».
La réplica de la presidenta madrileña no tardó en llegar. Aunque comenzó defendiendo que los extranjeros son necesarios para sectores como la construcción de viviendas, inmediatamente después viró su discurso para arremeter contra el plan de regularización extraordinaria de unas 700.000 personas impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Ayuso afirmó que la medida busca «reventar los servicios públicos» y alterar el censo para ganar votos, tildándolo directamente de «estafa electoral» y un intento de «importar pobreza masiva».
Ante estas palabras, Bergerot (Más Madrid) subió al púlpito dialéctico para lanzar una serie de preguntas a la bancada popular: ¿Es cristiano boicotear la regularización de los migrantes e impedir que vayan a la sanidad pública? ¿Es cristiano callar ante los crímenes de guerra de Israel? (…) Se han radicalizado tanto que la Iglesia católica está mucho más cerca de la izquierda que de la derecha», sentenció.
Contraataque con las «cloacas» del Gobierno
Ayuso reaccionó con ironía ante el repentino fervor religioso de la izquierda, tildándolos de «capillitas» y mofándose de que ahora pretendan ser «más papistas que el Papa».
Para sacudirse la presión, la presidenta autonómica recurrió a su habitual estrategia de contraataque apuntando a los escándalos judiciales que salpican al entorno de la Moncloa. Rechazó entrar en lo que consideró «provocaciones de barra de bar» del PSOE y acusó directamente a los socialistas de sostener el Ejecutivo central mediante prácticas ilícitas. «Su partido montó una trama corrupta para defender al ‘one’ a costa de cargarse la democracia. Está usted aquí en nombre de la cloaca», zanjó Ayuso, citando explícitamente las causas judiciales del hermano y la esposa del presidente del Gobierno.













