Las Fuerzas de Defensa de Israel ejecutan una «ola de ataques» sobre instalaciones estratégicas en Teherán e Isfahán, incluyendo el centro de mando del líder supremo, mientras Donald Trump exige la «rendición incondicional» del régimen tras una semana de guerra.
La guerra en Oriente Próximo ha alcanzado esta madrugada un nuevo y crítico nivel de intensidad. En una operación coordinada que marca el séptimo día de hostilidades, Israel ha desplegado más de 80 cazas de combate para ejecutar una ofensiva a gran escala sobre territorio iraní. Según fuentes de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), los ataques se han concentrado en infraestructuras militares de alta sensibilidad, alcanzando centros de formación, arsenales de misiles balísticos y nodos de mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
Entre los objetivos destruidos destaca un búnker militar subterráneo situado bajo el complejo de la cúpula del régimen, en el centro de Teherán. Este recinto estaba destinado a servir como centro de mando seguro para el líder supremo, Ali Jamenei, cuya eliminación en una operación israelí fue confirmada recientemente. Las explosiones y columnas de humo oscuro han sido visibles en la capital iraní y en puntos estratégicos como el Aeropuerto de Mehrabad, mientras que la ofensiva se ha extendido también a las ciudades de Isfahán y Qom.
Un balance de víctimas y una escalada regional
Desde el inicio de las operaciones combinadas entre Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, los informes oficiales e independientes estiman que han fallecido más de 1.200 personas en Irán. El conflicto, lejos de contenerse, se ha desbordado hacia los países vecinos. En el Líbano, las fuerzas israelíes han golpeado con dureza los suburbios de Beirut y el sur del país, provocando el desplazamiento masivo de más de 250.000 personas hacia zonas más seguras de la capital.
La tensión internacional ha escalado tras el ataque a la misión de paz de la ONU en el Líbano (Finul), donde al menos tres soldados ghaneses resultaron heridos en medio de los choques entre Israel y Hizbulá. Este incidente ha motivado la intervención diplomática del presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha contactado con los líderes de Siria y Líbano para intentar frenar la expansión regional de un conflicto que ya amenaza con involucrar a bases militares en el Golfo e incluso a la isla de Chipre.
La postura de Washington y la implicación de Moscú
En el plano político, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su discurso al cumplirse la primera semana de intervención militar. A través de sus redes sociales, el mandatario estadounidense ha asegurado que no aceptará ningún acuerdo que no pase por una «rendición incondicional» de Irán. Asimismo, Trump ha mantenido encuentros con los principales contratistas de defensa (Boeing, Lockheed Martin y Raytheon, entre otros) para cuadruplicar la producción de armamento avanzado.
Por otro lado, la inteligencia estadounidense advierte de la creciente implicación de Rusia en el conflicto. Según informaciones recogidas por The Washington Post, Moscú estaría proporcionando a Teherán datos de inteligencia sobre la ubicación de activos militares de EE. UU., incluyendo buques de guerra y aviones en el Golfo Pérsico, lo que habría permitido al régimen iraní lanzar ataques de precisión contra objetivos occidentales.
Los desafíos de una guerra de desgaste
A diferencia de la invasión de Irak en 2003, analistas coinciden en que la actual confrontación con Irán se desarrolla en un sistema internacional multipolar y mucho más frágil. Mientras Israel mantiene que no hay una fecha fijada para el fin de la guerra contra Hizbulá y el régimen islámico, el Gobierno de Canadá ha instado a todas las partes a obedecer el derecho internacional, recordando que «no existe un cheque en blanco» para las operaciones militares.
Con la mirada puesta en las próximas elecciones generales de Israel en octubre de 2026, Benjamin Netanyahu afronta el reto de mantener una coalición de gobierno bajo la presión de la extrema derecha y la ultraortodoxia, mientras la región se sumerge en una incertidumbre bélica cuyas consecuencias humanitarias y estratégicas son todavía imprevisibles.




















