Dirigentes de Junts y de la formación jeltzale intensifican sus contactos discreto para forzar al presidente del Gobierno a un adelanto electoral inmediato ante el desgaste del Ejecutivo.
MADRID. — Los cimientos del bloque de la investidura vuelven a tambalearse. Junts y el PNV, las dos formaciones de perfil más conservador y nacionalista que sostienen parlamentariamente al Gobierno de Pedro Sánchez, han iniciado una estrategia conjunta y silenciosa con un objetivo claro: acorralar al presidente del Ejecutivo y forzar la convocatoria de elecciones generales anticipadas. El detonante definitivo ha sido la reciente imputación del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero en el marco de la investigación por el caso Plus Ultra y el posterior registro de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en la sede del PSOE en la calle Ferraz.
Conscientes de que sus 12 diputados en el Congreso de los Diputados son la llave absoluta de la gobernabilidad en España, Carles Puigdemont y Aitor Esteban reflejan ahora la enorme presión interna que ejercen sus propios cuadros directivos. En las cúpulas de ambos partidos existe un hartazgo generalizado ante una coyuntura política marcada por la inestabilidad de la coalición del PSOE y Sumar, la ausencia de unos Presupuestos Generales del Estado y una agenda gubernamental completamente colapsada por la judicialización. «El PSOE nos está arrastrando», admiten fuentes internas del Euskadi Buru Batzar (EBB).
Un giro de discurso frente a los rivales directos
El cambio de tono de ambas formaciones persigue destapar las cartas del resto de los socios parlamentarios de Sánchez. Con este movimiento de presión, Junts y PNV pretenden retratar la posición de ERC y EH Bildu —sus rivales electorales directos en Cataluña y el País Vasco, respectivamente—, a quienes acusan veladamente de mantenerse «callados» y sumisos ante el evidente desgaste de la Moncloa.
Aunque tanto desde Barcelona como desde Bilbao se reconoce que los intereses iniciales pasaban por exprimir la legislatura para materializar los acuerdos pactados con los socialistas, la realidad penal y política actual ha modificado sus cálculos. En las direcciones de ambos partidos se considera «muy improbable» que Sánchez pueda cumplir sus promesas bajo el actual escenario de debilidad.
Promesas rotas y transferencias en el aire
El malestar en las filas de Junts es absoluto. La formación posconvergente fía gran parte de su estrategia al retorno a Cataluña de Carles Puigdemont, una vuelta que, según fuentes del partido, el propio Zapatero les había prometido que se materializaría de forma inminente. El enésimo incumplimiento de esta promesa, sumado al retraso en la delegación total de las competencias de inmigración, ha terminado por dinamitar los puentes. Tras la caída en desgracia de Zapatero y el alejamiento previo de Santos Cerdán, los canales de interlocución con Moncloa se encuentran prácticamente rotos, quedando únicamente el diputado Juan Francisco Serrano como enlace mínimo.
Por su parte, el PNV mide al milímetro sus pasos debido al complejo equilibrio que mantiene en el País Vasco, donde cogobierna en coalición con el PSE bajo la presidencia de Imanol Pradales. Aun así, los jeltzales necesitan acelerar el paquete de transferencias autonómicas pendientes —con la gestión de la Seguridad Social en la rampa de salida— para salvarse electoralmente frente al empuje de Bildu. El propio Aitor Esteban ya lanzó un severo aviso durante un acto en Durango, calificando de «irresponsable» la intención de estirar el mandato de Sánchez más allá de 2026 en estas condiciones.
El fantasma de la moción de censura
A pesar de que el bloque nacionalista amaga con resucitar el fantasma de una moción de censura instrumental para descabalgar a Sánchez, la fórmula matemática se presenta harto compleja. Tanto Junts como el PNV descartan de plano cualquier contacto formal con el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo para este propósito, sabiendo además que la obligada presencia de Vox en esa ecuación incomoda profundamente a sus electorados. Desde la sede del PP en Génova 13 también se muestran escépticos y rebajan las expectativas al considerar que las posiciones de los soberanistas no han cambiado de fondo.
Mientras tanto, desde el Palacio de la Moncloa se mantiene el enrocamiento. El Ejecutivo central insiste de forma oficial en que la estabilidad parlamentaria está garantizada y descarta rotundamente cualquier escenario de adelanto electoral, desoyendo las advertencias de unos socios que, por primera vez en meses, vuelven a hablar con una sola voz.















