El hijo del jurista asesinado por ETA en 1996, Quico Tomás y Valiente, considera que la memoria democrática impulsada por el Gobierno es “selectiva” y que la historia de la organización terrorista resulta “incómoda” por razones políticas. Así lo afirma en una entrevista concedida a EFE con motivo del trigésimo aniversario del atentado en el que murió su padre, el entonces presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente.
Tomás y Valiente sostiene que existe una memoria democrática “parcial” por la dependencia parlamentaria del Ejecutivo de formaciones como EH Bildu y Partido Nacionalista Vasco, y afirma que la trayectoria de ETA parece haberse relegado en el relato público por conveniencia política. En este sentido, considera “indigno” que sectores del entorno de la izquierda abertzale den lecciones de memoria democrática cuando, a su juicio, algunos de sus miembros mantuvieron contactos con la cúpula de la organización terrorista.
Pese a sus críticas, subraya que la desaparición de ETA y la normalización de su entorno político en democracia constituyen “una victoria de la democracia” y del Estado de derecho. A su juicio, el principal logro de estas tres décadas es que el terrorismo no logró quebrar las instituciones ni provocar una espiral de violencia que justificara sus objetivos.
El 14 de febrero de 1996, Francisco Tomás y Valiente fue asesinado a tiros en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid por el etarra Jon Bienzobas. El atentado impulsó entonces movilizaciones ciudadanas de rechazo al terrorismo y el surgimiento del movimiento de las “manos blancas”.
Treinta años después, su hijo recuerda a su padre como un profesor con “mucho sentido moral”, comprometido con la construcción de una “moral cívica” basada en la memoria histórica. Considera que la victoria frente al terrorismo es “un éxito ejemplar en el mundo”, pero lamenta que, en la actualidad, se olvide “voluntariamente” parte de esa historia.
En el plano personal, Quico Tomás y Valiente asegura no albergar odio ni deseos de venganza. Defiende que deben respetarse los derechos del autor material del asesinato como los de cualquier ciudadano y sostiene que el perdón es una cuestión individual. No obstante, cree que la reparación social requiere responsabilidades políticas y menciona al dirigente abertzale Arnaldo Otegi como ejemplo de esa exigencia pendiente.
Tres décadas después del atentado, el hijo del jurista insiste en la importancia de recordar el terrorismo y su derrota como parte esencial de la historia reciente de España y de la consolidación de la democracia.




















