El accidente ferroviario ocurrido este domingo en Adamuz, Córdoba, que ha dejado al menos 39 fallecidos, sigue dejando escenas de dolor e incertidumbre entre los pasajeros y familiares. Ana viajaba junto a su hermana en el coche número 7 del tren Iryo Málaga-Madrid siniestrado. Ambas fueron rescatadas por los bomberos y trasladadas al hospital.
“Había gente que estaba muy, muy mal. Los tenías delante y sabías que se te iban y no podías hacer nada”, relata Ana, visiblemente afectada. Su hermana, que está embarazada, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), y Ana admite que aún no saben su pronóstico. Entre la angustia, también hace un llamamiento para localizar a las mascotas: “Aprovecho para buscar a mi perro, Boro, que viajaba con nosotras. Por favor, ayuden a buscar a los animales… también son familia”, pide.
Rocío Flores, de 30 años y abogada, se encuentra ingresada en un hospital de Córdoba. “Fue un caos total. Estoy llena de dolores y moratones. Aquello fue terrible. Volamos por los aires. Gracias a Dios estoy bien, pero había muchísima gente peor que yo”, relata desde su cama. Flores viajaba en el tren de alta velocidad Madrid-Huelva, que chocó con el convoy procedente de Málaga. En ambos trenes viajaban cerca de 500 personas, entre ellas numerosos estudiantes y opositores.
El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, informó que cinco niños permanecen ingresados en el Hospital Reina Sofía, dos de ellos en la UCI. En total, 48 personas siguen hospitalizadas, 11 de ellas en cuidados intensivos.
Mientras tanto, la incertidumbre aumenta entre los familiares de los pasajeros desaparecidos. Ricardo Chamorro Cáliz, de 57 años, viajaba en el tren Alvia Madrid-Huelva y su familia aún no tiene noticias de él, pese a los intensos esfuerzos por localizarlo en hospitales y a través de redes sociales.
Las autoridades han pedido a quienes no se encuentren graves que comuniquen su estado para tranquilizar a sus allegados. En Córdoba, Huelva y Madrid se han habilitado puntos de atención a afectados y familiares, incluyendo el Centro de Educación Ambiental de Córdoba y la estación de Atocha en Madrid, donde personal sanitario, psicólogos y equipos de emergencias están coordinando la asistencia.
El siniestro ferroviario ha dejado un rastro de devastación y conmoción, y los testimonios de los supervivientes reflejan la magnitud del drama: vagones volcados, personas atrapadas y un sentimiento de impotencia ante la tragedia.















