Casi un cuarto de siglo después de los atentados que cambiaron el curso de la historia moderna, el proceso judicial contra los supuestos responsables del 11 de septiembre ha vivido este lunes un episodio determinante. El exagente especial del FBI, Stephen Gaudin, ha subido al estrado en una audiencia preliminar que busca definir el futuro de las confesiones de los acusados.
Un testimonio contra reloj
La comparecencia de Gaudin no es un trámite cualquiera. El juez autorizó su testimonio de manera prioritaria debido al delicado estado de salud del exagente y a su papel fundamental en la estrategia de la fiscalía.
El punto central del debate es la validez de las declaraciones de Walid bin Attash, uno de los cuatro acusados junto a Jalid Sheij Mohamed (señalado como el cerebro de la trama). La defensa intenta invalidar estas confesiones, argumentando que son fruto de una cadena de interrogatorios contaminada por las torturas previas de la CIA.
El «Equipo Limpio» vs. las Torturas
Gaudin formó parte de lo que se conoce como el «clean team» (equipo limpio) del FBI. Su misión en 2007 y 2008 fue interrogar a los sospechosos en Guantánamo bajo métodos legales, intentando obtener información que pudiera ser admitida en un juicio sin que se viera invalidada por los abusos sufridos por los presos en cárceles secretas.
Durante su declaración, Gaudin describió sus encuentros con Bin Attash como «cordiales» y bajo un tono casi colaborativo:
- Diferenciación: Afirmó que hizo un esfuerzo consciente por distanciarse de los interrogadores anteriores.
- Dominio de información: Relató de forma anecdótica que el acusado se sorprendió por el nivel de detalle que el FBI manejaba sobre sus actividades en Al-Qaeda.
- Objetivo: Recopilar testimonios para «esclarecer la verdad» y corroborar datos durante más de 50 horas de entrevistas.
Tensión en la sala y ausencia de la defensa
La jornada no estuvo exenta de conflicto. El equipo legal de Mustafa al Hawsawi se ausentó de la audiencia como medida de protesta, después de que el juez negara un aplazamiento solicitado por la enfermedad de su único abogado experto en casos de pena capital.
Mientras tanto, en la galería de víctimas, el ambiente era de solemne atención. Muchos de los familiares presentes asintieron con la cabeza ante el relato del agente, en un proceso que sigue siendo una herida abierta para la sociedad estadounidense y un laberinto legal que parece no tener fin.
¿Qué sigue?
Se espera que Gaudin continúe testificando durante gran parte de la semana. Su capacidad para demostrar que las confesiones fueron voluntarias y libres de coacción será el pilar sobre el que se sostenga —o se derrumbe— la posibilidad de un juicio final contra los detenidos.




















