El jefe del Ejecutivo desoye la inquietud de las federaciones tras los resultados en Aragón y Extremadura y reafirma su intención de mantener el horizonte electoral en 2027
El Gobierno de Pedro Sánchez atraviesa un momento de tensión interna marcado por la dualidad entre el respaldo cerrado del Consejo de Ministros y el creciente desánimo en las filas territoriales. Tras los recientes reveses electorales en Aragón y Extremadura, diversos miembros del Ejecutivo han arropado al presidente en privado, confirmando su determinación de agotar la legislatura. Frente a las voces que sugieren un adelanto para frenar el desgaste, el entorno de Sánchez asegura que el presidente está «convencido» de mantener el calendario previsto, situando la posible convocatoria de las elecciones generales en julio de 2027.
La estrategia de la resistencia frente al desánimo territorial
La postura oficial del Palacio de la Moncloa no ha variado pese al análisis de los últimos comicios autonómicos. El jefe del Ejecutivo, que valoró esta semana los resultados señalando a la abstención como el principal obstáculo del PSOE, mantiene que su hoja de ruta es inalterable. Sin embargo, este optimismo choca con la visión de numerosos cargos del partido en las regiones, quienes advierten de que «cuanto más tardemos, más nos desangraremos».
El malestar en las federaciones se fundamenta en la percepción de que la política nacional está penalizando las candidaturas locales. Según relatan dirigentes territoriales, asuntos como la denuncia por presunta agresión sexual contra el exdirector operativo adjunto (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, o los pactos de financiación con ERC y Oriol Junqueras, están «lastrando» las opciones socialistas. «Pensábamos que venía la calma y no levantamos cabeza», lamenta un cargo autonómico, subrayando que el electorado está votando en «clave nacional».
El factor de la desmovilización y el espejo de la oposición
La preocupación se traslada ahora a las próximas citas electorales, con el foco puesto en Castilla y León, donde Carlos Martínez concurre el próximo 15 de marzo. Desde el entorno del presidente se insiste en que el escenario cambia en unas generales, donde el liderazgo nacional tiene mayor peso y la polarización favorece la movilización. Aun así, el propio Sánchez reconoció en su reciente viaje a la India que existen elementos que han servido de argumento para la abstención de su votante tradicional.
En este contexto, han surgido voces dentro del socialismo que piden un «plan de acción» inmediato para evitar que «pille el toro» ante futuras convocatorias, como las de Andalucía. Algunos cargos se han ofrecido ya a la vicepresidenta primera y candidata a la Junta, María Jesús Montero, para reactivar las agrupaciones locales. Curiosamente, en el seno del Gobierno hay quien admite que líderes de la oposición, como Santiago Abascal, han sabido moverse con eficacia en el terreno rural para duplicar sus resultados, un modelo de «presencia constante» que las federaciones reclaman ahora a Sánchez.
El horizonte de julio de 2027
Pese a que algunos ministros llegaron a barajar hace meses un adelanto electoral para hacer coincidir las generales con las andaluzas, la convicción de Sánchez de llegar al final del mandato parece firme. Miembros del Gabinete comparan la situación con la de Mariano Rajoy en 2015, cuando apuró los plazos hasta diciembre.
Por el momento, los ministros consultados descartan una preocupación excepcional en el presidente por los datos de Aragón o Extremadura, enmarcándolos en una tendencia de desmovilización del voto progresista en elecciones no generales. Aunque recalcan que se está realizando la necesaria «autocrítica», la orden es clara: estabilidad gubernamental y trabajo para recuperar al electorado de cara a 2027.
















