Tras la captura de Nicolás Maduro —confirmada el 3 de enero de 2026— la dirigencia del régimen chavista experimenta un vuelco: formalmente asume el mando la vicepresidenta Delcy Rodriguez , pero el control real del poder recae en figuras clave como Diosado Cabello y Vladimir Padrino López. Una nueva configuración que evidencia la fragilidad institucional de Venezuela y la pugna por el control político y militar.
Con la detención de Maduro, la constitución venezolana señala a Delcy Rodríguez como sucesora inmediata del Jefe de Estado. Sin embargo, la realidad dentro del régimen apunta a una distribución del poder donde el mando efectivo recae sobre Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, quienes controlan las fuerzas de seguridad, la estructura militar y las decisiones clave de Estado.
Cabello, histórico dirigente chavista, se perfila como el hombre fuerte tras bambalinas: ya habría asumido funciones de coordinación interna, llamados a la movilización de colectivos afines al régimen y control de las estructuras de seguridad. Por su parte, Padrino López, como ministro de Defensa, domina las fuerzas armadas —una pieza estratégica en el actual tablero—, garantizando el respaldo militar indispensable para quien ejerza el poder.
Mientras tanto, Delcy Rodríguez queda como autoridad legal y figura visible del nuevo gobierno chavista. Pero su liderazgo aparenta ser más simbólico que real, dado que las decisiones de fondo dependerán de Cabello y Padrino López. Esta dicotomía refleja un régimen debilitado, en el que el poder está repartido entre facciones clave y donde la lealtad del aparato militar y de seguridad será fundamental para sostener cualquier transición de mando.
La captura de Maduro también ha intensificado el clima de tensión: hay denuncias de apagones, bombardeos en distintas zonas y un estado generalizado de incertidumbre. Se teme una posible represión, movilización de fuerzas leales al chavismo y movimientos de opositores intentado aprovechar la coyuntura. El futuro político de Venezuela queda colgado de un hilo, mientras la comunidad internacional vigila de cerca los próximos pasos de la cúpula que asume el poder.
Qué significa este cambio de mando
- Nueva cara visible del régimen: Delcy Rodríguez, aunque con poder limitado.
- Poder real concentrado en Cabello y Padrino López: control militar y de seguridad.
- Riesgo de fragmentación interna: rivalidades y pugnas por el control real del Estado.
- Alta incertidumbre política y social: crisis institucional, posibilidad de represión y reacción internacional.
- Momento decisivo para Venezuela: las decisiones en las próximas horas definirán si habrá transición, mantenimiento del régimen o caos.
La captura de Nicolás Maduro marca un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela. Más allá de los nombres que aparecen en los cargos oficiales, el poder real está en manos de quienes controlan las armas y la seguridad del Estado: Cabello y Padrino López. Delcy Rodríguez representa la legalidad, pero sin su lealtad, cualquier sucesión será frágil. Ahora comienza una nueva etapa de incertidumbre, en la que el equilibrio interno del chavismo, el apoyo de las fuerzas armadas y la presión internacional determinarán el destino del país.


















