La vicepresidenta del régimen venezolano, Delcy Rodríguez, se encuentra en Rusia en el momento más delicado del chavismo tras la detención de Nicolas Maduro. Su salida del país alimenta la sospecha de una huida encubierta y de una búsqueda de amparo internacional ante un escenario que amenaza con desmoronarse.
La imagen de Delcy Rodríguez fuera de Venezuela, lejos del Palacio de Miraflores y en territorio ruso, resulta tan simbólica como inquietante. En medio del vacío de poder provocado por la caída de Maduro, la figura que constitucionalmente debería asumir el mando no está en el país, lo que dispara las dudas sobre su verdadera intención.
Fuentes cercanas al entorno chavista señalan que su presencia en Rusia no responde a una agenda diplomática ordinaria, sino a una maniobra de autoprotección. Moscú ha sido durante años uno de los principales aliados del régimen venezolano, y también un refugio recurrente para dirigentes señalados internacionalmente. En este contexto, la estancia de Rodríguez parece más una búsqueda de cobertura política y personal que una misión de Estado.
La percepción de huida se refuerza por el momento elegido. Con el país sumido en la incertidumbre, fuerzas de seguridad en máxima alerta y una población expectante, la ausencia de quien debería liderar la transición transmite un mensaje de debilidad y descomposición interna. Para muchos analistas, abandonar el país en estas circunstancias equivale a reconocer que el control del poder se ha perdido.
Además, Rusia representa algo más que un aliado ideológico. Es un actor capaz de ofrecer protección diplomática, respaldo estratégico y, llegado el caso, refugio personal. La historia reciente demuestra que dirigentes acorralados por la justicia internacional han encontrado allí una salida segura cuando el cerco se estrecha.
Mientras tanto, en Venezuela, el poder real parece repartirse entre mandos militares y figuras fuertes del chavismo, lo que deja a Delcy Rodríguez en una posición incómoda: sucesora formal, pero ausente; autoridad legal, pero lejos del terreno. Su viaje refuerza la idea de que el régimen se prepara más para sobrevivir fuera que para gobernar dentro.
Claves que refuerzan la sospecha de huida
- Salida del país en el peor momento político del chavismo.
- Destino elegido: Rusia, aliado histórico y refugio habitual.
- Ausencia de liderazgo efectivo en Venezuela tras la caída de Maduro.
- Silencio y falta de explicaciones claras sobre la duración y objetivo del viaje.
- Sensación de desbandada en la cúpula del régimen.
El viaje de Delcy Rodríguez a Rusia no parece casual ni inocente. En plena tormenta política, su desplazamiento se interpreta como un movimiento defensivo, una búsqueda de protección ante un régimen que se tambalea. Más que liderar una transición o asumir responsabilidades, la vicepresidenta parece estar asegurando una vía de escape. Y cuando quienes gobiernan piensan antes en huir que en gobernar, el final de una etapa suele estar mucho más cerca de lo que aparenta.


















