El Sevilla atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada. Los números no engañan: es el equipo de LaLiga que más derrotas acumula y el que más goles ha encajado hasta la fecha. Son ya 37 tantos recibidos en 22 jornadas, una sangría defensiva que compromete seriamente el único objetivo realista del curso: la permanencia.
La última derrota ante el Mallorca en Son Moix volvió a dejar al descubierto la fragilidad de una zaga falto de calidad, liderazgo y experiencia. Un escenario que, casi de forma inevitable, ha puesto sobre la mesa un nombre propio que parecía destinado exclusivamente a los despachos: Sergio Ramos.
El central de Camas, actualmente agente libre tras finalizar su contrato con los Rayados de Monterrey, firmó hace apenas unos días una carta de intenciones con varios de los principales accionistas del Sevilla para iniciar el proceso de compra del club. Sin embargo, su nombre vuelve a escena no solo como futuro dirigente, sino también como posible refuerzo inmediato para el equipo.
Durante el proceso de venta de la entidad, el propio Ramos ya había tanteado la opción de regresar a Nervión para colgar las botas vestido de blanco y rojo antes de dar el salto definitivo a la gestión. Una posibilidad que el club descartó mientras el mercado de enero permanecía abierto.
Ahora el contexto es distinto, aunque no exento de obstáculos. A pesar de contar con una ficha libre, el Sevilla se encuentra excedido en su límite salarial, lo que dificulta sobremanera la inscripción de cualquier jugador. Para hacer viable la operación, el club tendría que explorar vías excepcionales, como la presentación de avales, que deberían ser negociadas previamente con LaLiga.
Además, existe un condicionante legal añadido. La Ley del Deporte en España prohíbe que deportistas en activo mantengan relaciones comerciales con competiciones en las que participen, una cláusula introducida tras el caso Gerard Piqué y la Supercopa. No obstante, los plazos que se manejan para la venta del club apuntan al mes de junio, lo que permitiría compatibilizar ambas situaciones sin infringir la normativa.
Con el Sevilla contra las cuerdas y la defensa como principal punto débil, la pregunta ya resuena en Nervión: ¿puede Sergio Ramos ser parte de la solución también sobre el césped?



















