Miles de estudiantes venezolanos volvieron a tomar las calles este jueves en Caracas y en varias ciudades del país con motivo del Día de la Juventud, en una jornada de protestas que reactivó la movilización social tras más de un año sin manifestaciones masivas y en medio de nuevos retrasos del Gobierno en la aprobación de la Ley de Amnistía para presos políticos.
Las concentraciones, encabezadas por universitarios y activistas, partieron desde la Universidad Central de Venezuela y se extendieron por distintos puntos de la capital. También se registraron marchas en Valencia, Maracaibo, Mérida, San Cristóbal, Maturín y otras ciudades. En todas ellas, la principal exigencia fue la liberación de los detenidos por motivos políticos.
“Que lo sepa el mundo entero, a esta generación no la silenciarán”, afirmó el líder estudiantil Miguelángel Suárez, presidente de los estudiantes de la UCV, en uno de los discursos más coreados de la jornada. En Valencia, el dirigente juvenil Nikol Arteaga —excarcelado días atrás— reclamó la libertad para todos los detenidos, mientras que en Maracaibo los manifestantes expresaron su apoyo al opositor Juan Pablo Guanipa, actualmente bajo arresto domiciliario.
Las movilizaciones se producen en un contexto político marcado por la incertidumbre. Tras la investidura de Delcy Rodríguez como figura central del Ejecutivo, el Gobierno ha mantenido conversaciones con Washington sobre una eventual transición política, aunque sin plazos concretos. Al mismo tiempo, la Asamblea controlada por el chavismo volvió a aplazar la aprobación de la Ley de Amnistía, pese a haber prometido avances inmediatos.
Según fuentes políticas, el proyecto de ley mantiene condiciones que podrían dejar fuera a numerosos opositores, incluidos dirigentes y militares encarcelados. Se calcula que entre 700 y 800 presos políticos permanecen detenidos en alrededor de 90 centros de reclusión del país. Organizaciones de derechos humanos y familiares de los reclusos consideran que los cambios introducidos hasta ahora son insuficientes.
La líder opositora María Corina Machado celebró la reactivación de las protestas y el regreso a las calles de parte de su equipo político tras recientes excarcelaciones. Analistas consideran que las movilizaciones reflejan una nueva etapa de presión social tras meses de miedo y represión, y destacan su alcance en decenas de estados.
El simbolismo del 12 de febrero es especialmente relevante para la oposición venezolana. Ese día, en 2014, murieron los estudiantes Bassil Da Costa y Robert Redman durante protestas reprimidas por las fuerzas de seguridad. Aquellos hechos forman parte de las investigaciones de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos durante el chavismo.
Mientras los estudiantes marchaban, el oficialismo organizó concentraciones paralelas en Caracas en apoyo al Gobierno, una práctica habitual para contrarrestar las protestas opositoras. En el Palacio Federal Legislativo continuaban los debates sobre la amnistía, sin que se concretara la liberación prometida por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez.
Las manifestaciones evidencian un repunte de la movilización juvenil y el regreso del pulso callejero en Venezuela, en un momento en el que la aprobación de la amnistía y el futuro político del país siguen en suspenso.




















