La detección de una señal sísmica inédita en Las Cañadas del Teide durante esta semana de febrero de 2026 ha puesto en alerta a la comunidad científica. Aunque el mensaje oficial es de calma, los expertos advierten de que las anomalías registradas en la última década confirman que la isla está «despierta» y enviando mensajes claros sobre su estado.
Tenerife se encuentra actualmente bajo una vigilancia intensiva tras una serie de eventos sísmicos inusuales que comenzaron el pasado 7 de febrero. Estos fenómenos han llevado al comité científico del Pevolca a reunirse de forma extraordinaria para evaluar la situación en el entorno del Teide y determinar el origen de estos movimientos.
Cronología de la actividad reciente
La actividad comenzó el 7 de febrero con el inicio de un enjambre sísmico que ya suma más de 260 pequeños terremotos localizados en el sector suroeste de la caldera, a profundidades de entre 8 y 12 kilómetros.
Sin embargo, el evento que más ha llamado la atención de los geólogos ocurrió el 10 de febrero, cuando se detectó una señal sísmica continua de baja frecuencia que duró unos 90 minutos. Se trata de un fenómeno inédito hasta ahora en la isla por su continuidad y características. Al día siguiente, el 11 de febrero, se repitió una señal similar, aunque de menor intensidad, durante la madrugada.
¿Qué dicen los expertos?
Itahiza Domínguez, director del IGN en Canarias, ha sido tajante al afirmar que «no podemos decir a la gente que no pasa nada», pero ha matizado que no hay indicios de una erupción a corto o medio plazo. Según el experto, las señales nos dicen «a gritos» que Tenerife es una isla volcánicamente activa, pero no se están observando los patrones precursores (como terremotos sentidos por la población o un abombamiento rápido del terreno) que precedieron, por ejemplo, a la erupción de La Palma en 2021.
Por su parte, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) atribuye estos episodios a un proceso de presurización de fluidos hidrotermales (vapor y gases) en profundidad. Este mecanismo explicaría también el incremento del flujo de dióxido de carbono detectado en el cráter desde 2016 y la ligera deformación del terreno, que apenas alcanza los dos centímetros acumulados en los últimos tres años.
Situación actual y vigilancia
A pesar de la espectacularidad de los datos técnicos, el semáforo volcánico permanece en verde, lo que indica una situación de total normalidad para la población. Los científicos recuerdan que la acumulación de magma es un proceso geológico lento que puede prolongarse durante décadas sin desembocar necesariamente en una erupción inmediata.
La mayor probabilidad de actividad futura se sitúa en las zonas de vulcanismo basáltico (dorsales noreste y noroeste), donde se han producido las erupciones históricas más recientes, como la del Chinyero en 1909. Por ahora, el mensaje oficial es de vigilancia constante y prudencia ante la interpretación de unos datos que, si bien son anómalos, no muestran señales claras de un desenlace eruptivo inminente.


















