La pretemporada de Fórmula 1 de 2026 ha terminado de la peor manera posible para Fernando Alonso y Aston Martin. En la última jornada de test en Bahréin, el piloto asturiano se ha visto obligado a detener su AMR26 en la curva cuatro tras sufrir una avería crítica en su unidad de potencia, provocando una bandera roja que ha congelado el garaje de Silverstone. Lo que debía ser una sesión de simulación de carrera para validar el revolucionario chasis diseñado por Adrian Newey se ha convertido en una pesadilla de fiabilidad a solo dos semanas de que el semáforo se apague en el GP de Australia.
El problema, confirmado por el equipo como un fallo en el propulsor Honda, obligó a Alonso a abandonar el coche por «precaución» cuando apenas sumaba 68 vueltas en una mañana que parecía productiva. El balance final para el bicampeón es alarmante: entre Barcelona y Sakhir, su kilometraje es uno de los más pobres de la parrilla. La asociación entre el genio de la aerodinámica, Adrian Newey, y el fabricante japonés Honda atraviesa su primer gran bache. Aunque Newey ha entregado un monoplaza con soluciones futuristas —incluyendo una integración extrema de componentes—, el motor parece no estar a la altura del desafío técnico que exige la nueva reglamentación.
La raíz del problema podría estar en la propia estructura de Honda. Tras su salida oficial de la F1 en 2021, el departamento de diseño de motores en Sakura se disolvió, reubicando a sus ingenieros en proyectos de aviación y cohetería. Al reiniciar el programa para 2026, el grupo de trabajo se ha tenido que reconstruir casi desde cero, perdiendo la base técnica que encumbró a Max Verstappen. Mientras Mercedes y McLaren ya exhiben una velocidad punta envidiable —con Andrea Kimi Antonelli y Oscar Piastri rodando en tiempos de 1:32.8—, el Aston Martin de Alonso llega a Melbourne «en pañales» y con serias dudas sobre si podrá terminar la primera carrera de la temporada.
La preocupación no es solo mecánica, sino también de rendimiento puro. Mientras Ferrari ha sorprendido estrenando un alerón trasero giratorio que reinventa el concepto del DRS, en Aston Martin los técnicos de Honda trabajan a contrarreloj para entender por qué su unidad de potencia no aguanta tandas largas. Fernando Alonso cierra así sus tres semanas de preparación con una sensación de déjà vu que rima peligrosamente con sus peores años en la categoría: un coche rápido sobre el papel, pero incapaz de rodar con la consistencia necesaria para pelear por el podio.



















