El RC Celta ha logrado un triunfo de oro en la ida de los dieciseisavos de la Europa League tras derrotar al PAOK por 1-2. En una noche que exigía personalidad, el conjunto de Claudio Giráldez se encomendó a la magia eterna de Iago Aspas, quien firmó una primera parte primorosa con un gol y una asistencia para encarrilar una eliminatoria que se decidirá el próximo miércoles en Balaídos. Los celestes dominaron con autoridad durante una hora, aunque terminaron pidiendo la hora ante el empuje griego en el tramo final.
El inicio del encuentro fue un monólogo vigués. El Celta desactivó el ambiente hostil del Toumba Stadium a través de la posesión y las transiciones rápidas. Swedberg avisó primero con una doble ocasión que desbarató el meta local, Tsiftsis, con dos paradas de antología. Sin embargo, la resistencia helena se rompió gracias a una genialidad colectiva: Miguel Román habilitó con un taconazo de ensueño a Iago Aspas, que definió con el interior al palo largo para abrir el marcador en el minuto 33. Apenas diez minutos después, el propio Aspas se vistió de asistente para servir en bandeja el segundo a Swedberg, silenciando por completo el estadio antes del descanso.
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió radicalmente. El PAOK, espoleado por su grada, dio un paso adelante y comenzó a castigar la espalda de la defensa celeste. El partido pudo quedar sentenciado cuando Ferran Jutglà anotó el tercero tras un rechace de Hugo Álvarez, pero el VAR intervino para anular el tanto por un fuera de juego milimétrico. Del posible 0-3 se pasó al 1-2 casi de inmediato: Jeremejeff cazó una volea impecable en el minuto 77 que batió a Radu y metió de lleno a los griegos en el partido.
El pánico se apoderó de los últimos minutos, especialmente con un latigazo de Zivkovic en el descuento que se estrelló en el lateral de la red, rozando el empate. Pese al asedio final, el Celta supo sufrir para llevarse una victoria vital que le permite gestionar la vuelta en casa con ventaja. La nota negativa fue el desgaste físico y la pérdida de control en una segunda mitad donde el PAOK demostró que no se dará por vencido fácilmente. Balaídos dictará sentencia definitiva, pero el equipo de Giráldez regresa de Grecia con la satisfacción de haber asaltado un fortín que llevaba un año invicto.



















