El AD Ceuta se enfrentará este miércoles a un escenario completamente desconocido en lo que va de curso. Por primera vez en la temporada, el Alfonso Murube no verá sobre el césped a Carlos Hernández. El central jiennense, que se había erigido como el único futbolista de la plantilla capaz de disputar todos y cada uno de los minutos del campeonato, deberá cumplir ciclo de amonestaciones tras ver la cartulina amarilla frente al Granada, perdiéndose así el crucial duelo ante el Córdoba CF.
El registro de Hernández hasta la fecha es propio de un jugador incombustible: 26 jornadas, 26 titularidades y un total de 2.340 minutos de competición. Ningún otro integrante del conjunto caballa se acerca a estas cifras de continuidad, que han convertido al defensa en la pieza estructural sobre la que José Juan Romero ha edificado su sistema defensivo. Carlos Hernández no solo ha aportado seguridad en el juego aéreo y dominio del área, sino que ha ejercido un liderazgo silencioso y jerárquico que ha dotado de una estabilidad envidiable a la zaga ceutí.
Esta segunda temporada en el club está siendo la de la reafirmación para un futbolista con amplio bagaje en el fútbol profesional, tras sus etapas en equipos como el Real Oviedo, Alcorcón o Eldense. Su capacidad para manejar los tiempos y su impecable colocación han sido uno de los cimientos del proyecto actual. Sin embargo, su ausencia obligará ahora a José Juan Romero a realizar un ajuste táctico de emergencia. Aunque la opción más natural para sustituirle apunta a Yago Cantero, el verdadero desafío para el técnico será replicar la solidez del equipo sin su referencia más constante en el eje de la defensa.
La baja de Hernández será, en principio, un paréntesis breve, ya que se espera su regreso para el próximo fin de semana en Anduva. No obstante, el choque contra el Córdoba servirá como una prueba de fuego para medir el peso real de un futbolista que, hasta ahora, había sido omnipresente. El Ceuta deberá demostrar que su fiabilidad defensiva es una cuestión de bloque y no depende exclusivamente de su central más fiable, en una categoría donde cualquier mínima fisura en la retaguardia suele pagarse cara.




















