La estabilidad interna de Vox se ha visto sacudida tras las explosivas declaraciones de Javier Ortega Smith. El que fuera uno de los pilares fundamentales del partido ha acusado directamente al presidente de la formación, Santiago Abascal, de haber forzado su cese como secretario general en 2022 como represalia por haber denunciado presuntas irregularidades económicas en la gestión interna.
El control de las cuentas en el centro de la polémica
Ortega Smith, que formó parte del comité de gestión encargado de supervisar todos los pagos y movimientos financieros del partido hasta su salida de la cúpula, sostiene ahora que su relevo no respondió a una estrategia de renovación política, sino a un intento de apartarlo tras sus advertencias sobre el manejo de los fondos.
Esta acusación abre una brecha sin precedentes en la formación, ya que sitúa el foco en el periodo en el que el ex secretario general ostentaba el control administrativo. Según su versión, sus intentos de fiscalizar ciertos pagos provocaron un choque frontal con la dirección nacional que culminó en su destitución.
Un cisma en la cúpula del partido
Las declaraciones de Ortega Smith han «abierto la caja de los truenos» en un momento delicado para la organización. Los puntos clave de este enfrentamiento incluyen:
- Gestión de pagos: El cuestionamiento de la transparencia en los procesos de gasto internos que eran validados por el comité de gestión.
- Lealtad vs. Fiscalización: La ruptura de la imagen de unidad monolítica que proyectaba la relación entre Abascal y Ortega Smith.
- Repercusiones orgánicas: El temor a que estas revelaciones provoquen una cascada de dimisiones o una auditoría externa que afecte a la financiación del partido.
Por el momento, la dirección nacional de Vox no ha emitido un comunicado oficial detallado, aunque el entorno de Abascal ha negado históricamente cualquier falta de transparencia, atribuyendo los cambios en el organigrama a decisiones puramente políticas para fortalecer la estructura territorial.




















