En un escenario de máxima tensión política y orgánica, Santiago Abascal ha comparecido este lunes en el Parador de Gredos para escenificar un cierre de filas absoluto en torno a su liderazgo. Tras semanas marcadas por las salidas traumáticas de figuras históricas como Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo, el presidente de Vox ha evitado mencionar los nombres de los críticos y ha lanzado un mensaje desafiante a sus adversarios: «Pierdan toda esperanza de destruirnos o pararnos».
Una estrategia de defensa frente a las «mentiras» del PP
Acompañado por la plana mayor de su formación y sus portavoces autonómicos, Abascal ha dirigido sus ataques más duros hacia el Partido Popular, a quien acusa de «patrocinar guerras sucias» y de orquestar, junto al PSOE, una campaña de desprestigio basada en «insinuaciones de corrupción». Según el líder de Vox, el objetivo de Génova es debilitar su proyecto mediante la filtración de supuestas irregularidades para forzar su sumisión en los pactos territoriales.
Por su parte, el número dos del partido, Ignacio Garriga, ha sido más explícito respecto a las bajas internas, restando importancia a quienes «prefieren pasearse por platós de televisión para mentir y torpedear el proyecto», en clara alusión a los antiguos dirigentes que ahora cuestionan la gestión económica de la formación.
Pulso total por Extremadura y Castilla y León
La comparecencia también ha servido para fijar una posición de máxima dureza en las negociaciones de gobierno que aún permanecen bloqueadas:
- Doble exigencia: Abascal ha respondido a las acusaciones de «bloqueo» en Extremadura asegurando que no cederán ante María Guardiola. «Si los ciudadanos quieren más exigencia, nosotros seremos el doble de exigentes», ha advertido.
- Ataque a Mañueco: A solo unos días de las elecciones en Castilla y León, el líder de Vox ha tildado de «género tonto» la estrategia de Alfonso Fernández Mañueco de «demonizar» a su partido mientras, al mismo tiempo, aspira a alcanzar un pacto de investidura con ellos.
- La «veleta azul»: Vox recupera el tono más agresivo contra el PP, acusando a la dirección nacional de Feijóo de cambiar de postura según el territorio y de actuar como una «muleta» de las políticas socialistas.
Sin preguntas y con el foco en las urnas
La escenificación en Ávila, donde no se han admitido preguntas de la prensa, busca proyectar una imagen de unidad inquebrantable a las puertas de los comicios del próximo domingo. Con el bloque de la derecha fragmentado por la irrupción de nuevas plataformas y las acusaciones cruzadas de traición, Abascal fía su supervivencia a una resistencia numantina frente a lo que considera un asedio externo e interno coordinado.




















