En un contexto de máxima tensión internacional, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha aprovechado el cierre de su gira oficial por China para reafirmar la autonomía de la política exterior española. Tras su encuentro con el presidente Xi Jinping, Sánchez ha lamentado que la defensa del derecho internacional conlleve, en ocasiones, amenazas por parte de otras potencias.
Coherencia frente a la «ley de la selva»
A preguntas de los periodistas sobre si su postura crítica respecto al conflicto con Irán podría incomodar a aliados como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Sánchez fue tajante. El jefe del Ejecutivo subrayó que España mantiene una posición «coherente» y que abogar por un orden basado en reglas no debería ser motivo de agravio para ningún país.
«Lamento que quienes alzamos la voz contra países que vulneran el derecho internacional nos veamos sometidos a la amenaza de esos países. No debe de ofenderse nadie», declaró Sánchez en lo que se interpreta como una alusión directa a las presiones recibidas por parte de Estados Unidos e Israel.
Sintonía con Xi Jinping: «El lado correcto de la historia»
Uno de los puntos más destacados de la jornada fue la coincidencia discursiva entre Madrid y Pekín. El presidente chino, Xi Jinping, afirmó que China y España se encuentran «del lado correcto de la historia» frente a lo que ambos líderes calificaron como la «ley de la selva», en referencia al actual deterioro del orden multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
Sánchez defendió este marco multilateral no solo por una cuestión moral, sino como una herramienta de interés nacional para garantizar la paz y la prosperidad global: «Nosotros no vamos a tener ningún problema en continuar defendiendo lo que consideramos que es justo».
Recta final de la gira asiática
Tras la reunión con Xi, la agenda del presidente en Pekín continúa con encuentros de alto nivel:
- Reunión con el primer ministro, Li Qiang.
- Encuentro con Zhao Leji, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular.
En sus intervenciones previas, Sánchez ya había solicitado a China una mayor implicación mediadora para poner fin a los conflictos en Oriente Medio y una mayor apertura comercial que ayude a equilibrar la balanza económica entre ambos países.



















