El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha empleado su discurso en el cementerio militar de Jerusalén con motivo del Día de los Soldados Caídos para reiterar su —criticada y sin base— comparación entre el Holocausto y las intenciones de Irán. Israel inició la guerra contra el régimen de Teherán el 28 de febrero, junto con EE UU, porque “planeaba otro Holocausto”, como el que los nazis y sus aliados cometieron —exterminando a cerca de seis millones de judíos hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.
Irán carece del armamento nuclear que Israel sí tiene (es el único país de Oriente Próximo y sin la cobertura del Tratado de No Proliferación), ni siquiera estaba enriqueciendo uranio en los meses previos y no amenazaba a Israel. Netanyahu ha asegurado, sin embargo, que estaba “conspirando” para destruir el país “con bombas nucleares y miles de misiles balísticos”.
“Si no hubiéramos actuado contra la amenaza existencial, si no hubiéramos actuado con determinación y valentía, los nombres de los lugares de muerte Natanz, Fordow e Isfahán podrían haberse sumado a los nombres de los campos de exterminio del Holocausto: Auschwitz, Majdanek y Treblinka”. Tanto el propio Netanyahu como el presidente de EE UU, Donald Trump, aseguraron tras la anterior guerra contra Irán, en junio de 2025, haber destruido o dañado esas centrales nucleares.















