En un giro diplomático sin precedentes, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió este jueves en La Habana con el alto mando de la inteligencia y el Ministerio del Interior de Cuba. El encuentro, calificado como un «hito histórico», ocurre en el momento de mayor fragilidad para el gobierno cubano, asfixiado por un cerco energético total y un sistema eléctrico en ruinas.
Una reunión impensable
La llegada del Boeing C-40B Clipper, el avión oficial de las delegaciones de Washington, a la capital cubana marca la culminación de dos meses de negociaciones opacas. Las fotografías publicadas por la propia agencia estadounidense muestran a Ratcliffe sentado a la misma mesa que el ministro del Interior cubano, una imagen que habría sido considerada una «herejía» política hace solo unos años. Ambas partes han confirmado su compromiso de «abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad».
La isla a oscuras
El diálogo se produce mientras Cuba enfrenta una «crisis terminal» de abastecimiento. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió recientemente en televisión nacional que las reservas de combustible son inexistentes. Esta situación ha provocado:
- Apagones extremos: Zonas del país han reportado hasta 22 horas consecutivas sin servicio eléctrico.
- Servicios básicos al límite: Hospitales y sistemas de transporte operan de forma mínima, mientras la falta de energía paraliza la cadena de suministros.
- Tensión social: La desesperación ha comenzado a desbordar las calles con caceroladas, barricadas de basura y ataques a gasolineras vacías.
El factor Trump y la geopolítica
Este acercamiento se da bajo la presión del cerco energético impuesto por la administración de Donald Trump desde principios de año. Tras el endurecimiento de las sanciones y la presión sobre proveedores de petróleo externos, como la mexicana Pemex, el gobierno de Miguel Díaz-Canel se encuentra en una posición de extrema debilidad negociadora.
Mientras la Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, insiste en que Cuba debe ser «prudente» dada su situación crítica, el gobierno cubano intenta mantener una postura de soberanía, afirmando que cualquier diálogo debe basarse en el respeto mutuo y «sin precondicionamientos». El mundo observa con atención si este diálogo secreto logrará evitar un estallido social o si será el preludio de un cambio estructural en las relaciones tras décadas de embargo.














