El Pentágono ejecuta una oleada de ataques en la costa iraní por orden de Trump. La Guardia Revolucionaria contrataca con misiles hacia posiciones estadounidenses en Jordania, Kuwait y Bahréin.
La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo punto crítico. El Ejército de los Estados Unidos lanzó este martes por la tarde una oleada de bombardeos selectivos contra posiciones militares en Irán. La operación, confirmada por el Comando Central (CENTCOM), es una represalia directa por el derribo de un helicóptero Apache estadounidense el pasado lunes en el Estrecho de Ormuz.
Horas después de la ofensiva de Washington, Teherán respondió ejecutando ataques con misiles balísticos y drones contra bases e instalaciones de radar utilizadas por las fuerzas norteamericanas en países vecinos como Jordania, Kuwait y Bahréin, amenazando con desatar un conflicto regional a gran escala.
El detonante: El derribo del Apache en el Estrecho de Ormuz
La chispa de este nuevo enfrentamiento se encendió la noche del lunes, cuando la Guardia Revolucionaria iraní derribó un helicóptero Apache de alta tecnología mediante el uso de un dron suicida Shahed. Aunque los dos pilotos estadounidenses resultaron ilesos y fueron rescatados por un dron acuático, la acción colmó la paciencia del presidente de EEUU, Donald Trump.
«Los iraníes derribaron uno de nuestros helicópteros Apache mientras patrullaba el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque», anticipó Trump a través de sus redes sociales antes de ordenar la ofensiva.
A las 17:00 (hora de Washington), aviones de la Fuerza Aérea y de la Armada de EEUU iniciaron los bombardeos. Según el Pentágono, los objetivos se centraron en:
- Defensas aéreas iraníes.
- Estaciones de control terrestre.
- Emplazamientos de radares clave.
La televisión estatal iraní reportó de inmediato sirenas antiaéreas y fuertes explosiones en enclaves estratégicos de la costa como Bandar Abbas, Qeshm y Sirak.
Teherán responde contra los aliados de Washington
La réplica de Irán no se hizo esperar y elevó el conflicto a una dimensión multinacional. La Guardia Revolucionaria reivindicó el lanzamiento de misiles balísticos contra la base militar estadounidense de Al Azraq, en Jordania, así como contra las instalaciones de radar de la Quinta Flota de EEUU en Bahréin y posiciones en Kuwait.
El contraataque iraní obligó a activar los sistemas de defensa aérea de los países vecinos:
- Jordania informó del derribo de cinco misiles iraníes dirigidos a la base aérea.
- Bahréin y Kuwait dispararon sus baterías antiaéreas para interceptar los proyectiles.
- Irán también aseguró haber derribado un dron estadounidense MQ-9 Reaper sobre la zona de Jam, extremo que Washington ha negado.
«Nuestras potentes Fuerzas Armadas no dejarán sin respuesta ningún ataque o amenaza. Abandonen nuestra región si quieren estar seguros», advirtió con dureza el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi.
Un golpe en mitad de unas frágiles negociaciones
A pesar de la gravedad de los intercambios de fuego, analistas señalan que los ataques de EEUU fueron «telegrafiados», dando tiempo al régimen de los ayatolás para prepararse y evitar una carnicería que hiciera imposible la vía diplomática.
Este repunte de la violencia llega en un momento de extrema frustración para la Casa Blanca. Hace apenas diez días, Washington estaba a punto de anunciar un principio de acuerdo histórico para pacificar la región tras los recientes intercambios de misiles entre Irán e Israel (con el Líbano como detonador).
A bordo del Air Force One, Trump intentó mostrar optimismo y rebajar la gravedad de la situación de cara al futuro político: «Estamos muy cerca de lograr un acuerdo muy bueno, sólido y poderoso. Su economía está sufriendo mucho», declaró, asegurando que el alto el fuego entre Irán e Israel se mantendrá «durante otra semana» a pesar de este choque directo con EEUU.
Por su parte, el vicepresidente JD Vance se mostró algo más cauto en una entrevista televisiva, admitiendo la volatilidad del escenario actual: «Creo que el acuerdo podría concretarse la próxima semana, pero también podría darse dentro de varios meses». De momento, Oriente Próximo vuelve a contener el aliento a la espera de ver si las diplomacias logran frenar lo que ya parece una guerra abierta.


















