Rusia ha iniciado la votación en las primeras elecciones legislativas tras el comienzo de la invasión de Ucrania. La convocatoria se desarrolla en un contexto de escasez de combustible, cortes de internet y el estancamiento del frente de combate.
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Las urnas han abierto en Rusia para unas elecciones legislativas que se prolongarán hasta este domingo. El proceso electoral, que según las proyecciones consolidará el control de la Duma por parte del partido Rusia Unida, se celebra en un ambiente marcado por los problemas cotidianos derivados del conflicto, como el desabastecimiento de gasolina, los fallos en las conexiones de datos móviles y los frecuentes ataques con drones en diversas ciudades.
Las encuestas oficiales reflejan estimaciones dispares para el partido oficialista. Mientras el centro FOM otorga a la formación entre un 47% y un 49% de los votos, la encuestadora VTsIOM eleva el apoyo previsto a una horquilla de entre el 51% y el 53%. De estos porcentajes depende que la fuerza gobernante alcance o supere con holgura los 315 diputados necesarios para mantener la mayoría constitucional en la Cámara Baja sin requerir acuerdos con otros grupos.
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La campaña electoral se ha desarrollado sin oposición abierta al conflicto militar, puesto que las formaciones parlamentarias respaldan de forma unánime la actuación del Kremlin y la candidatura del partido crítico Yábloko fue anulada. La atención del electorado se sitúa principalmente en la situación económica interna, marcada por una inflación oficial del 6,3%, tipos de interés al 14% y el impacto en el consumo de los pensionistas y las clases medias.
En el plano militar, la contienda muestra signos de estancamiento. Según los análisis del Institute for the Study of War, las fuerzas rusas avanzaron unos 90 kilómetros cuadrados durante el pasado mes de agosto, una cifra sensiblemente inferior a los 500 kilómetros cuadrados registrados en el mismo periodo del año previo, lo que evidencia la lentitud del progreso sobre el terreno.








