Madrid, 5 de mayo de 2026 – El Gobierno de España ha fijado una postura tajante frente a la creciente tensión en Oriente Próximo. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha descartado «completamente» que España vaya a participar en cualquier operación de fuerza destinada a reabrir el estrecho de Ormuz, advirtiendo que tales acciones solo contribuirían a una escalada de violencia en la región.
En una entrevista concedida a TVE, el jefe de la diplomacia española ha sido claro al señalar que el contexto internacional no permite una intervención legítima:
«En estos momentos no se dan las más mínimas condiciones para una operación bajo bandera de las Naciones Unidas», afirmó el ministro.
Un conflicto de bloqueo doble
La situación en el estrecho de Ormuz se encuentra en un punto crítico debido a lo que Albares define como un «doble bloqueo» ejercido por Estados Unidos e Irán. Ante este escenario, el ministro ha subrayado que la salida no puede ser bélica:
- Sin solución militar: España defiende que la reapertura del estrecho debe ser fruto del diálogo y no de la confrontación.
- Libre tránsito: El Gobierno exige que la navegación se restablezca de manera libre, gratuita y sin la imposición de cánones.
Falta de comunicación entre aliados
Uno de los puntos más tensos de la jornada ha sido la revelación de que Washington no informó a España —ni a otros aliados europeos, según las consultas realizadas por Exteriores— sobre la operación iniciada este lunes para rescatar buques varados por el bloqueo iraní. Esta falta de coordinación subraya la división estratégica sobre cómo gestionar la crisis en el Golfo.
Un llamamiento a la paz regional
Para el Ejecutivo español, la estabilidad de Ormuz es inseparable del fin de las hostilidades en el resto de la región. Albares ha vinculado la normalización del estrecho a tres condiciones fundamentales:
- Cese de la guerra contra Irán y de los ataques del régimen de Teherán hacia sus vecinos.
- Retirada de Israel del Líbano, calificando la invasión actual como «ilegal».
- Restablecimiento de la seguridad marítima sin coacciones externas.
Con esta posición, España se sitúa en la vía diplomática, intentando evitar que el conflicto se transforme en una conflagración regional de consecuencias imprevisibles para la economía y la seguridad global.















