El próximo 21 de diciembre, Extremadura se prepara para un nuevo proceso electoral que invita a los extremeños a reflexionar sobre su trayectoria en las últimas décadas. Este evento representa no solo una oportunidad para evaluar el progreso de la comunidad, sino también para abordar los desafíos que enfrenta en el actual panorama socioeconómico.
Con una extensión del 8% del territorio español, Extremadura es una de las comunidades más grandes, sin embargo, su población apenas supera el millón de habitantes, lo que la convierte en una de las menos pobladas del país, representando solo el 1,7% del PIB nacional. La región se encuentra en los últimos puestos en términos de PIB per cápita y desempleo, con una tasa de paro del 15,6% en 2024, que supera considerablemente la media nacional.
Tradicionalmente, Extremadura ha sido una tierra de emigrantes; en los últimos 50 años ha perdido un 9,9% de su población, siendo sólo superada en este aspecto por Castilla y León. Un alto porcentaje de los municipios extremeños está experimentando una pérdida de población, y los últimos datos indican que la región tuvo una disminución de 1.336 residentes en 2024, aunque se observan signos de un leve crecimiento en cifras provisionales.
La demografía se convierte en un factor clave que afecta la economía extremeña, tal como señala el profesor de Economía de la Universidad de Extremadura, Jesús López Mayo. La dispersión de la población, que se traduce en una densidad de 25,3 habitantes por kilómetro cuadrado, limita el atractivo de la región para posibles inversiones. Por ejemplo, la ciudad más poblada, Badajoz, cuenta con aproximadamente 150,000 habitantes, y la capital, Mérida, con 60,000, lo que contrasta con otros territorios donde las grandes ciudades concentran población y recursos.
Sin embargo, existe una oportunidad para el crecimiento económico en la posición geográfica de Extremadura, que se encuentra a medio camino entre Madrid y Lisboa. Antes de la entrada de España y Portugal en la Unión Europea en 1986, la frontera marcaba un límite, pero la eliminación de controles ha fomentado el tránsito de mercancías y personas, beneficiando particularmente a Badajoz. No obstante, el desafío radica en las insuficientes infraestructuras, que prolongan los tiempos de viaje y complican la conectividad.
La comunidad aún sufre de ser una «isla» ferroviaria. A pesar de haber visto la llegada de mejoras en el sistema ferroviario, la falta de electrificación y directas conexiones con importantes ciudades, como Lisboa, mantiene a Extremadura en un estado de aislamiento. Este contexto no solo afecta la movilidad de las personas, sino que impacta también el comercio y las exportaciones de productos agrícolas locales.
La agricultura y la ganadería son pilares económicos en Extremadura, representando el 7,7% del PIB regional. Sin embargo, el sector experimenta una dualidad, con partes modernizadas que se enfocan en la exportación y otras que enfrentan dificultades debido a la sequía. Esto contribuye a mantener los niveles de salarios por debajo de la media nacional, aumentando el desempleo y la emigración juvenil en busca de mejores oportunidades.
La región enfrenta un notable envejecimiento de su población, con un 70% de los municipios mostrando una alta proporción de mayores de 65 años. Esto se debe en parte a la emigración continua de jóvenes en búsqueda de mejores condiciones de vida, lo que plantea aún más retos para el acceso a servicios públicos. Extremadura, además, es la comunidad con menor porcentaje de población extranjera, lo cual limita la diversidad y la energía renovadora que podría aportar una mayor inmigración.
En los últimos años, el sector energético ha surgido como un área de oportunidad, ya que la región se ha convertido en un importante productor de energía renovable, específicamente solar. Esto sugiere que Extremadura podría atraer proyectos vinculados a energías limpias, anticipando un potencial crecimiento económico que debe ser acompañado de políticas adecuadas. El debate sobre el cierre de la central nuclear de Almaraz, previsto para 2027, añade tensión al contexto energético y a la economía local, resaltando la necesidad de alternativas sostenibles.
En conclusión, si bien Extremadura ha evolucionado en varios aspectos, persisten muchas tareas pendientes que deben ser abordadas por los futuros gobiernos. Desde mejorar la infraestructura hasta atraer inversiones y retener talento, la comunidad tiene la oportunidad de redefinir su futuro e impulsar su desarrollo económico y social en el contexto del siglo XXI.


















