El Rey Felipe VI aprovechó su intervención en la clausura de la Conferencia de Embajadores, celebrada en Madrid, para advertir sobre el peligro que supone el progresivo deterioro de la relación entre Europa y Estados Unidos, un vínculo que calificó de esencial para la estabilidad internacional. El monarca subrayó que su posible ruptura tendría consecuencias negativas para todos y recordó que este marco de cooperación surgió tras la Segunda Guerra Mundial como base del desarrollo democrático, la estabilidad y el multilateralismo.
Durante su discurso, Felipe VI reconoció que preservar la relación transatlántica exige actualmente “paciencia y coraje diplomático”, en una referencia implícita al contexto político estadounidense y a decisiones recientes de la Administración de Donald Trump. Sin citar directamente a Washington, el Rey insistió en que esta relación es una “responsabilidad compartida” que debe apoyarse en la confianza mutua, la lealtad y el respeto al derecho internacional.
El jefe del Estado advirtió de que la erosión de este vínculo perjudica a todas las partes y alertó de los riesgos que implicaría su eventual desmantelamiento total. Sus palabras se interpretan como una crítica velada a actuaciones recientes de Estados Unidos, entre ellas la intervención militar en Venezuela.
En este contexto, Felipe VI comenzó su intervención celebrando la liberación de cinco ciudadanos españoles detenidos en el país caribeño, un hecho que calificó como un paso necesario hacia la recuperación de las libertades del pueblo venezolano. Asimismo, expresó la disposición de España a contribuir a que se inicie “cuanto antes” una transición democrática “pacífica, inclusiva y respetuosa de la voluntad soberana” de los venezolanos, a quienes señaló como los únicos responsables de decidir su propio futuro.
Se trata de la primera ocasión en la que el Rey se pronuncia de manera explícita sobre la situación en Venezuela tras la operación estadounidense del pasado 3 de enero. Aunque no llegó a los términos empleados por el Gobierno español, que ha condenado la intervención por considerarla ilegal, Felipe VI reafirmó su apoyo firme al respeto del Derecho Internacional y alertó contra su vulneración sistemática.
El monarca advirtió de que el abandono de las normas que rigen las relaciones internacionales supone un retroceso histórico que abre escenarios inquietantes, especialmente en un contexto marcado por el avance tecnológico. En este sentido, recordó que las democracias tienen una responsabilidad especial en la defensa de un orden global basado en reglas y no en el uso ilimitado de la fuerza.
Frente a las críticas a la eficacia de organismos multilaterales como Naciones Unidas, Felipe VI defendió que, pese a sus imperfecciones, un sistema internacional basado en el derecho, el diálogo y la cooperación es el camino más seguro hacia la paz, la estabilidad y el desarrollo.
Finalmente, el Rey alertó de que la seguridad global está amenazada desde sus propios cimientos y reivindicó el papel de España como aliado “leal y fiable”. También llamó a reforzar el papel de Europa en el escenario internacional y advirtió contra los discursos que enfrentan soberanía nacional y proyecto europeo, subrayando que la pertenencia a la Unión Europea fortalece la capacidad de acción y la influencia de España en el mundo.


















