La selección gala pasa por encima del conjunto escandinavo con un doblete del ’10’ madridista y un recital de asistencias de la estrella del Bayern.
Vistos los cuatro primeros partidos en esta cita mundialista, cabría acusar a Francia de abuso de posición dominante. La selección de Didier Deschamps descorchó una hora de puro «fútbol champán» ante Suecia, suficiente para volar con paso firme hacia los octavos de final de la mano de Michael Olise y Kylian Mbappé. El ’10’ del Real Madrid volvió a exhibir su idilio con el gol al firmar un nuevo doblete, alcanzando la estratosférica cifra de 18 goles en los Mundiales, superando definitivamente al histórico Miroslav Klose (16) y pisándole los talones al registro histórico de Lionel Messi (19).
A Suecia, el combinado de Deschamps le pareció un vendaval imparable por dentro y por fuera; superior por física y por química, por ciencia y por potencia. Va a costar una enormidad ponerle el cascabel a este gato en las rondas de eliminación directa.
Una Francia con sello de autor
Francia es una selección de autor. Para Deschamps, quien regresaba con entereza al banquillo tras asistir al sepelio de su madre, toda la belleza del fútbol se concentra estrictamente en el marcador. Sus planteamientos y gustos tácticos no siempre sintonizan con la exigente hinchada gala, pero el técnico es capaz de frenar todas las balas críticas con resultados incontestables.
Por eso, en las noches de la verdad, juega Adrien Rabiot —quien difícilmente ganaría un referéndum de popularidad entre los aficionados— junto a Aurélien Tchouameni en la sala de máquinas. Deschamps los necesita como la escolta ideal para liberar al mejor tridente del planeta fútbol: Ousmane Dembélé, Michael Olise y Kylian Mbappé, convertidos hoy en mosqueteros invencibles. El cuarto atacante es una pieza rotatoria, y esta vez el premio fue para Bradley Barcola, quien a pesar de estar por detrás de Doué en la rotación del PSG, ofreció un rendimiento excelso en la banda izquierda.
El técnico de Suecia, el británico Graham Potter, intentó replicar al músculo francés alineando a su propio tridente de la Premier League: Anthony Elanga (hijo del mundialista camerunés), Viktor Gyökeres y Alexander Isak, una vanguardia de auténtico lujo por la que sus respectivos clubes desembolsaron en su día más de 270 millones de euros. Sin embargo, la artillería sueca se quedó demasiado pronto sin acompañamiento, sufriendo en exceso la tempranera lesión de Isak Hien, el cacique y líder de su zaga defensiva. Potter buscó compensarlo con agresividad e intensidad, incomodando a los galos con pierna fuerte, orden defensivo y un drástico cambio de dibujo del 3-4-3 al 4-4-2. Sin embargo, el afamado ‘Potterball’ de las islas británicas naufragó esta vez en territorio internacional.
La tormenta perfecta del gallo
Francia demostró una vez más que no es un equipo de lluvia fina, sino de tormentas eléctricas destructivas. El cuadro galo alterna largos periodos de adormecimiento con brutales e imprevistas descargas de talento. La primera gran ráfaga ocurrió pasados los quince minutos. Barcola comandó el ataque destrozando cinturas rivales con sutiles golpes de cadera para sacar un remate alto; luego se sucedieron un gol anulado a Mbappé por la punta del hombro, dos latigazos lejanos de Rabiot y un remate al poste del astro madridista a portería semivacía.
La Suecia atrevida de los compases iniciales terminó completamente encapsulada y sumisa en su propio terreno. Michael Olise, indomable por banda derecha junto a las subidas de Jules Koundé, martilleaba constantemente la portería de Zetterstrom. La estrella del Bayern de Múnich rozó el gol con una impresionante tijera acrobática que también se topó con la madera. Para ese momento llovía metralla sobre el área escandinava.
El cerrojo se rompió gracias a la genialidad del de siempre: Mbappé firmó el 1-0 con una internada eléctrica en el área desde el perfil izquierdo, sacando una rosca impecable de pierna derecha directa a las mallas. A Suecia, y prácticamente a cualquier selección del mundo, le faltan efectivos para frenar semejante acumulación de talento puro.
Con la ventaja en el marcador, el partido quedó visto para sentencia y dio paso al festival exclusivo de Olise. El extremo coló un pase milimétrico por el ojo de una aguja para que Barcola firmara con tranquilidad el 2-0. El tramo final se convirtió en el recreo de los franceses. Olise firmó su segunda asistencia de la noche (ya acumula 5 en el torneo) y Mbappé redondeó su doblete para cerrar la exhibición. Suecia terminó a la deriva y expuesta a un castigo mayor porque, excepcionalmente, la Francia de Deschamps decidió no levantar el pie del acelerador.

















