La apuesta del US Open 2026 por multiplicar las acreditaciones a creadores de contenido ha desatado duras críticas por parte de los tenistas debido a las distracciones en pista, el ruido constante y episodios insólitos como la interrupción de un partido por olor a marihuana.
La edición de 2026 del US Open ha situado la presencia de los creadores de contenido en el centro del debate deportivo y organizativo del tenis internacional. Con el propósito de aproximar el torneo a las audiencias más jóvenes mediante plataformas como TikTok e Instagram, la dirección del Grand Slam neoyorquino aplicó un incremento drástico en el volumen de credenciales destinadas a este perfil, alcanzando casi el centenar de pases. De acuerdo con datos publicados por la agencia Reuters, alrededor de 100 creadores obtuvieron acreditación oficial, de los cuales cerca de 20 estuvieron enfocados de manera exclusiva a la cobertura de la oferta de comida y bebida del recinto. Sin embargo, la estrategia de difusión ha derivado en severas objeciones por la alteración de la etiqueta propia de la disciplina y el impacto directo en el desarrollo de la competición.
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El incremento de la actividad audiovisual en las tribunas provocó que la difusión de la experiencia paralela al juego —centrada en estilismos, gastronomía, coctelería y estancias en los palcos— entrara en conflicto con la concentración de los tenistas. Entre las incidencias registradas destaca la ocurrida durante el encuentro disputado por Naomi Osaka. Durante el lance del partido, un grupo de espectadores situado en la zona de palcos inició la grabación de contenidos utilizando un aro de luz, elemento de iluminación suplementario cuya presencia y movimiento generó distracciones visibles en la pista, obligando a la intervención del juez de silla y suscitando el malestar de la jugadora japonesa.
Posteriormente, la tenista nipona manifestó su disconformidad con este tipo de prácticas en el recinto deportivo: «Si vienes a un evento deportivo, tienes que respetar el deporte». Asimismo, calificó de falta de respeto el empleo de dispositivos luminosos y la realización de sesiones fotográficas durante los puntos en juego. Respecto a la coexistencia de estos nuevos perfiles en las gradas, deportistas como Coco Gauff o Daniil Medvedev señalaron que la llegada de un público diversificado resulta favorable para el tenis, siempre que se garantice el conocimiento y el cumplimiento estricto de las normas de comportamiento vigentes en las instalaciones.
La transformación del Grand Slam estadounidense en una plataforma publicitaria y de ocio ha tenido un reflejo notable en su propuesta gastronómica viral. En esta edición se ha consolidado el consumo de productos de alto coste diseñados para su difusión en redes sociales, tales como los nuggets de pollo cubiertos con caviar comercializados por un importe próximo a los 100 dólares (unos 86 euros al cambio). A ello se suma la venta continuada de bebidas emblemáticas como el cóctel Honey Deuce —elaborado a base de vodka, limonada y bolas de melón—, cuyas cifras de facturación alcanzaron en 2025 los 17 millones de dólares (alrededor de 14,6 millones de euros), o la introducción del sándwich French Dip de Salt Hank a un precio de 38 dólares, consolidando un circuito paralelo de análisis gastronómico en las plataformas digitales.
Las alteraciones del orden, sin embargo, se han extendido más allá de las dinámicas de grabación de contenidos. Diversos participantes han denunciado la presencia de un entorno sonoro adverso y el tránsito ininterrumpido de asistentes por las gradas en mitad de los puntos. El tenista francés Adrián Mannarino definió el ambiente reinante como un «zoológico», criticando la falta de control en los accesos, una percepción compartida por miembros del personal de acomodación del recinto y que requirió reiteradas llamadas al orden por parte de los jueces de silla.
A las dificultades acústicas se añadió la interrupción parcial del partido disputado entre Aryna Sabalenka y Kamilla Rakhimova. La jugadora bielorrusa detuvo la pauta del encuentro para requerir a la jueza de silla la localización de un espectador, denunciando que el denso olor a marihuana procedente de la grada le impedía mantener la concentración precisa para competir. Aunque la legislación del estado de Nueva York ampara el consumo recreativo de cannabis, la normativa interna del recinto del US Open prohíbe taxativamente fumar en sus dependencias. La tenista Katie Boulter confirmó la persistencia de esta problemática, señalando que la presencia de dicho olor resultaba perceptible incluso en los espacios reservados al entrenamiento.
Ante los acontecimientos registrados en la sede de Flushing Meadows, el torneo de Wimbledon ha ratificado la preservación de su marco regulatorio tradicional. El All England Club ha rehusado la implantación de una categoría específica de acreditación para creadores de contenido o ‘influencers’. Adicionalmente, el reglamento del campeonato británico prohíbe de forma explícita la entrada de dispositivos de iluminación auxiliar, como los aros de luz, y mantiene restricciones severas para la captura de vídeo en la totalidad de sus instalaciones, marcando una clara distancia respecto al modelo organizativo estadounidense.








