El presidente del Gobierno comparece en un clima de alta tensión parlamentaria para acotar los escándalos que salpican a las filas socialistas y arremeter contra la estrategia de la oposición.
MADRID. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha protagonizado este miércoles una tensa comparecencia en el Congreso de los Diputados con un objetivo claro: frenar el desgaste político provocado por los distintos frentes judiciales que cercan a su entorno y a su partido. Durante su intervención, Sánchez ha insistido en que los casos de corrupción están localizados y orbitan sobre personas que ya han sido expulsadas del PSOE, acusando a la derecha y a la ultraderecha de orquestar una campaña de desinformación. “Están tratando de crear una sensación de corrupción generalizada que no existe”, sentenció.
Lejos de mostrar debilidad o de plantear una convocatoria anticipada de elecciones —solicitada con insistencia por el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo—, el jefe del Ejecutivo ha ratificado su voluntad de agotar la legislatura, cuyo horizonte sitúa en marzo de 2027. “Para mí la pregunta no es si debemos continuar, sino cómo no vamos a continuar”, defendió ante los aplausos de la bancada socialista.
Radiografía de los casos: el PSOE acota responsabilidades
A diferencia de comparecencias anteriores, el presidente optó por desgranar de forma pormenorizada lo que denominó la «anatomía» de los escándalos, separando lo que considera delitos probados de las acusaciones que tacha de falsas o exageradas.
Sánchez englobó las principales irregularidades en un único foco de acción que afecta de lleno a exdirigentes del partido: los casos de José Luis Ábalos (condenado a 24 años de cárcel), Koldo García, Santos Cerdán y Leire Díez. «Jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas», aseguró el mandatario, recalcando que las disculpas ya se pidieron en su momento y que el partido actuó con contundencia expulsando a los implicados.
Respecto a las sospechas que pesan sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, Sánchez salió en su firme defensa, alegando que la investigación está en una fase «embrionaria», que no existen pruebas tangibles y reafirmando su total confianza en él. Asimismo, aprovechó el estrado para blindar a su entorno familiar, asegurando que su esposa, Begoña Gómez, «cobró la cantidad de cero euros» por el software investigado y aclarando la legalidad de la plaza de músico de su hermano, David Sánchez.
Choque frontal con el PP y distanciamiento de los socios
La réplica sirvió para elevar la temperatura del debate. Sánchez cargó con dureza contra el Partido Popular, recordándole a Feijóo que su formación cuenta con más de 30 juicios pendientes y medio centenar de casos abiertos. El presidente dirigió sus ataques más duros hacia la gestión de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, comparando el escrutinio a su esposa con la situación de la pareja de Ayuso, de quien afirmó que «multiplicó por siete sus ingresos» durante la pandemia.
Por su parte, Alberto Núñez Feijóo animó al bloque de la investidura a secundar una moción de censura para desalojar a Sánchez de La Moncloa, acusándolo de «humillar» y «cachondearse» de sus aliados.
El debate también dejó en evidencia la creciente brecha entre el PSOE y sus socios parlamentarios habituales. Formaciones como ERC y el PNV exigieron al Ejecutivo que dote de contenido social y legislativo a la legislatura en lugar de limitarse a «resistir». Junts, por otra parte, planteó una vía intermedia al exigir la dimisión de Sánchez para proponer a otro candidato socialista, un escenario que los socialistas descartan por completo mientras intentan capear un panorama político cada vez más fragmentado.
















