Nuevas Generaciones (NNGG), la histórica cantera de líderes del Partido Popular, atraviesa un momento de intensa agitación interna. Lo que tradicionalmente ha sido un espacio de formación para futuras figuras del partido se ha transformado en un «laboratorio de intrigas» donde conviven la lucha por el poder, el relevo generacional y la sombra ideológica de Vox.
La dimisión de Carlo Angrisano: un golpe desde dentro
El epicentro de la última crisis ha sido la dimisión de Carlo Giacomo Angrisano, hasta hace unos días secretario general de la organización y número dos de Beatriz Fanjul. Angrisano no solo ha abandonado sus cargos y la militancia, sino que ha hecho un llamamiento público a votar a Vox, partido en el que milita su tío, Juan Carlos Girauta.
Esta salida evidencia una fractura ideológica en los «cachorros» del PP. Angrisano, que ya intentó disputar la presidencia a Fanjul en 2021, justifica su marcha alegando que el partido ha dejado de defender los valores por los que muchos se afiliaron, especialmente en temas como la unidad nacional y la inmigración.
Dos modelos enfrentados: el estilo Ayuso contra la moderación
El reportaje revela una división estratégica sobre cómo debe comportarse la organización juvenil para frenar el avance de la derecha más radical entre los jóvenes:
- La vía «guerrillera»: Encarnada por figuras como Ignacio Dancausa, líder de NNGG en Madrid y calificado por algunos como un «mini Ayuso». Este sector apuesta por dar la batalla cultural de frente, con un discurso desacomplejado que plante cara a Vox en su propio terreno.
- La vía moderada: Sectores que consideran que la organización debe marcar distancias con la extrema derecha y centrarse en un perfil más institucional y de gestión, evitando el cuerpo a cuerpo constante.
Una organización bajo la lupa
Con una estructura que permite la afiliación desde los 16 hasta los 30 años, NNGG sigue siendo la organización juvenil más grande de España, pero se enfrenta al reto de mantener la cohesión interna. La dirección nacional del PP ha intentado restar importancia a la marcha de Angrisano, señalando que «hace mucho tiempo que no ejercía sus responsabilidades», pero el movimiento ha reabierto el debate sobre las fugas de talento joven hacia la formación de Santiago Abascal.
Este escenario de «intrigas» y pulsos de poder interno marca el inicio de una etapa de redefinición para las juventudes populares, que buscan su sitio en un mapa político donde la competencia por el voto joven de derechas es más agresiva que nunca.




















