La campaña electoral en Castilla y León ha dado un vuelco inesperado con la irrupción de Alvise Pérez y su formación, Se Acabó la Fiesta (SALF). Lo que comenzó como un apoyo externo al espacio de la derecha radical se ha transformado en una guerra abierta por el control del electorado «ultra», desatando una batalla digital que amenaza con fragmentar el voto de Vox en la región.
Una guerra de guerrillas en las redes sociales
Alvise Pérez ha desplegado una agresiva estrategia en plataformas como Telegram y X (antes Twitter), centrando sus ataques no solo en el Gobierno central, sino especialmente en la gestión de Vox. Esta ofensiva se basa en varios ejes críticos:
- Acusaciones de «acomodo»: Alvise señala a los cargos de Vox en Castilla y León por haberse integrado, según su discurso, en las estructuras de poder y los privilegios que antes criticaban.
- Fiscalización de fondos: El agitador utiliza sus canales para airear supuestas irregularidades y «sueldazos» dentro de la formación de Santiago Abascal, buscando presentarse como la única alternativa auténticamente antisistema.
- Captación del descontento joven: Su mensaje, directo y sin filtros institucionales, está calando con fuerza en sectores juveniles que consideran que Vox se ha vuelto demasiado «moderado» o convencional.
Vox, entre el silencio y la preocupación
La dirección de Vox en Castilla y León observa con inquietud esta fuga de atención hacia el canal de Alvise. El temor principal no es solo la pérdida de escaños, sino el «efecto caníbal» que esta disputa genera: mientras ambas formaciones pelean por el mismo votante, el bloque de la derecha se debilita frente al Partido Popular y la izquierda.
Fuentes del partido de Abascal califican la ofensiva de Alvise como «ruido innecesario» y acusan al agitador de trabajar a favor de otros intereses, aunque públicamente intentan ignorar sus ataques para no darle mayor visibilidad.
El impacto en el mapa electoral
Los analistas coinciden en que la irrupción de Alvise introduce un factor de imprevisibilidad total. En una comunidad donde el voto rural y la movilización digital están muy polarizados, SALF podría atraer a miles de votantes desencantados con la política tradicional que hasta ahora encontraban su refugio en Vox. Este escenario de fragmentación complica las mayorías y convierte la lucha por la hegemonía en la derecha radical en uno de los puntos más críticos de la jornada electoral.




















