El empresario abre las puertas de su exclusivo club privado en Madrid con una propuesta cosmopolita que ha generado controversia tras sus declaraciones sobre la nacionalidad de los miembros.
Íñigo Onieva ha hecho realidad uno de sus proyectos más ambiciosos: Vega Members Club. Tras su reciente inauguración el pasado viernes, el marido de Tamara Falcó ha querido ejercer de guía para mostrar los detalles de este espacio que busca mimetizarse con su propio estilo de vida. Sin embargo, más allá de la cuidada decoración de Lázaro Rosa-Violán o la exclusiva vinoteca para socios, el proyecto ha comenzado su andadura bajo el foco de la polémica debido a las declaraciones del empresario sobre los criterios de admisión.
Declaraciones controvertidas sobre la nacionalidad
Según informa el diario El Mundo, Onieva ha sido muy explícito al detallar el filtro de selección para los futuros miembros. El club, que tendrá un tope de 500 socios y cuotas que alcanzan los 2.500 euros, no solo evaluará la profesión o la visión de vida de los solicitantes, sino también su origen.
En un momento de su presentación, el empresario dejó clara su postura respecto a la composición demográfica del club, lanzando una afirmación que ha suscitado críticas: «No queremos que esto se convierta en el club de los latinoamericanos tampoco. Queremos que haya un equilibrio entre la comunidad local y la internacional». Onieva matizó que, aunque el club aspira a tener un perfil cosmopolita inspirado en Nueva York, se priorizará al socio local y se limitará la cuota de extranjeros a un máximo del 40% para evitar que la comunidad latinoamericana sea predominante.
Un refugio de privacidad en el corazón de Madrid
La propuesta de Vega Members Club nace, según explica Onieva, de una necesidad detectada durante su etapa de formación en Londres. El empresario sostiene que Madrid ya estaba preparada para un formato que combina restaurante —abierto al público bajo el nombre de Casa Vega— con áreas privadas restringidas donde el uso de móviles estará totalmente prohibido. «Madrid ya estaba preparada», afirma, bajo el eslogan Madrid is finally ready for this.
El club se articula a través de tres salones diferenciados por colores y usos, desde una zona con DJ y ambiente joven hasta espacios destinados a conferencias, reuniones o un ambiente más pausado para socios senior. La rigurosidad en la selección de los miembros, que requiere la recomendación de al menos dos socios actuales y una entrevista personal, es, según Onieva, la clave para mantener el ambiente de «hogar» que busca imprimir al negocio.
Mientras el sector de la restauración en la capital se enfrenta a un aumento del ruido y una creciente dificultad para reservar con antelación, Onieva confía en que su modelo de consumo mínimo por mesa y su estricto control de acceso le permitan posicionarse como el lugar de referencia para la élite madrileña. Queda por ver cómo afectará a la reputación del club el impacto de sus recientes manifestaciones públicas sobre la diversidad de su clientela.












