En un giro pragmático —y polémico— de su política exterior, la administración de Donald Trump ha decidido flexibilizar las sanciones sobre el crudo ruso. Esta medida, diseñada para evitar un colapso energético global mientras el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado por el conflicto con Irán, permitirá al Kremlin ingresar hasta 10.000 millones de dólares adicionales, fondos que previsiblemente alimentarán la maquinaria bélica de Rusia en Ucrania.
El petróleo como balsa de salvamento
La decisión de Washington autoriza los envíos de petróleo y derivados rusos que se encuentren en tránsito, siempre que hayan sido embarcados antes del 12 de marzo. Esta «ventana» de 30 días (hasta el 11 de abril) busca estabilizar los precios de los hidrocarburos, que se han disparado tras el inicio de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán.
- Cifra récord: Se estima que hay 130 millones de barriles rusos en el mar.
- Ingresos extra: Con el barril de crudo ruso alcanzando los 100 dólares, Moscú obtendrá una inyección de liquidez imprevista.
- Beneficio diario: Según el Financial Times, Rusia está ganando ya 150 millones de dólares adicionales al día debido al alza de precios provocada por la guerra en Oriente Medio.
El dilema de las municiones: Ucrania en el aire
El alivio económico para Putin llega en un momento crítico para la defensa de Europa. Mientras EE. UU. concentra sus recursos en la guerra contra Irán, las reservas de armamento occidental empiezan a mostrar signos de agotamiento.
Dato clave: En las primeras 100 horas del conflicto en Oriente Medio, EE. UU. disparó 168 misiles Tomahawk. Analistas advierten que este ritmo de consumo podría interrumpir las entregas de misiles interceptores que Kiev necesita con urgencia.
Reacciones: Del júbilo en el Kremlin a la cautela en el Tesoro
Desde Moscú, Kirill Dimitriev, representante especial de la Presidencia rusa, celebró la medida en redes sociales, calificándola de «inevitable» ante la crisis energética. Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha intentado minimizar el impacto, asegurando que se trata de una «medida a corto plazo» que no supone un beneficio financiero significativo a largo plazo para el gobierno ruso.
Sin embargo, para expertos como Mathieu Boulègue (CEPA), el diagnóstico es claro: «El Kremlin prospera en el caos». Mientras el foco de Washington se desplaza hacia Teherán, Putin encuentra el espacio y los recursos para consolidar su posición en el frente ucraniano.


















