La tensión energética derivada del conflicto en Oriente Medio mantiene en alerta a Europa. Lo que comenzó como una preocupación por el encarecimiento del petróleo y del gas ha pasado a convertirse en un debate sobre la disponibilidad real de combustibles en algunos países, especialmente tras las interrupciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las rutas estratégicas del comercio energético mundial.
La Agencia Internacional de la Energía recuerda que por el estrecho de Ormuz transitó en 2025 alrededor del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y más de 110.000 millones de metros cúbicos de gas natural licuado, lo que representa casi una quinta parte del comercio global de GNL. La interrupción de esta vía ha elevado la presión sobre los mercados internacionales y ha obligado a gobiernos y empresas a reforzar sus planes de contingencia.
Francia se ha situado entre los países europeos más expuestos a las incidencias en estaciones de servicio. A comienzos de abril, el Gobierno francés reconoció que cerca del 18% de las gasolineras sufrían falta de al menos un tipo de carburante, aunque las autoridades atribuyeron esos problemas a tensiones logísticas internas y al aumento de la demanda en determinadas redes de distribución.
El episodio ha servido, en cualquier caso, como señal de advertencia para el resto de Europa. El riesgo ya no se limita únicamente al precio del barril, sino también a la capacidad de garantizar entregas estables de gasolina, diésel y queroseno si el conflicto se prolonga. En Alemania, la ministra federal de Economía, Katherina Reiche, ha anunciado medidas de contingencia ante una posible escasez de queroseno, aunque ha pedido evitar el alarmismo y ha subrayado que el país mantiene reservas y capacidad de reacción.
La preocupación también alcanza al mercado del gas. La AIE advierte de que la pérdida de casi el 20% del suministro global de GNL por el cierre efectivo de Ormuz está alterando el equilibrio del mercado a corto plazo. Además, los daños en infraestructuras de licuefacción en Oriente Medio podrían retrasar la entrada de nueva capacidad prevista para la segunda mitad de la década.
Según el organismo internacional, el impacto acumulado de la crisis podría suponer una pérdida de alrededor de 120.000 millones de metros cúbicos de suministro de GNL entre 2026 y 2030, lo que prolongaría la tensión en los mercados durante 2026 y 2027.
España defiende su capacidad de suministro
En España, el sector de los combustibles descarta por ahora problemas inmediatos de abastecimiento. La Asociación de la Industria del Combustible de España ha defendido en los últimos días que el país cuenta con una posición más favorable que otros socios europeos por su capacidad de refino, su red logística y la diversificación de sus fuentes de crudo.
España dispone de ocho refinerías y concentra cerca del 13% de la capacidad de refino de la Unión Europea, una estructura que permite cubrir buena parte de la demanda interna de carburantes. Según el sector, el país produce más gasolina de la que consume y cubre aproximadamente el 80% del gasóleo y del queroseno con producción propia.
A esta ventaja se suma una menor dependencia directa de Oriente Medio que otros países europeos. Las importaciones españolas de crudo están más repartidas entre América, África y otros proveedores, lo que reduce la exposición inmediata a una interrupción prolongada en el golfo Pérsico. Los datos de CORES muestran que Oriente Próximo representaba en febrero en torno al 17% del suministro de crudo a España.
El Gobierno también cuenta con el colchón de las reservas estratégicas. En marzo, el Consejo de Ministros autorizó la liberación de hasta 11,5 millones de barriles de petróleo, dentro de la acción coordinada de la Agencia Internacional de la Energía para moderar el impacto de la guerra en Irán y el bloqueo de Ormuz. España mantiene reservas equivalentes a 92 días de ventas o consumo, repartidas entre CORES y la industria.
Un escenario todavía abierto
Aunque España no prevé restricciones de suministro a corto plazo, el escenario europeo sigue abierto. La duración del conflicto, la evolución del tránsito marítimo por Ormuz, la capacidad de las refinerías internacionales y la presión sobre el gas natural licuado serán factores decisivos en las próximas semanas.
Por ahora, el principal impacto para los consumidores europeos se refleja en los precios, pero los últimos episodios en Francia y las advertencias en Alemania muestran que la seguridad de suministro vuelve a situarse en el centro de la agenda energética. Para España, la combinación de refino propio, reservas estratégicas y diversificación de proveedores actúa como escudo, aunque el sector sigue pendiente de una crisis internacional que todavía no ha tocado techo.















